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¿A quién voto?

¿A quién voto?

Por primera vez en 30 años que llevo votando, me surge este dilema en forma positiva. Considero que Entre Ríos tiene tres personas interesantes y con atributos para terminar décadas de decadencia y deterioro económico e institucional a nivel provincial. Pero, ¿a cuál elijo y qué piensan de los temas que serán ejes en los próximos años?

Por

Martin Oleinizak

Nunca me gustaron las notas auto referenciales. Y me cuesta escribir en primera persona. Pero es un escrito de opinión pura, donde no hay nada más involucrada que mi propia conciencia. 

Reclamo día a día por la necesidad de personas que se hagan cargo de lo que hacen. En política, soy de la vieja escuela y creo en el compromiso y la voluntad de servicio. Creo (y aspiro) que en algún momento de nuestra historia pueda llegar esa persona que sea capaz de convencer y conducir una transformación de Entre Ríos. Que tenga la capacidad de aprovechar todas las oportunidades y ventajas que tiene esta bendita provincia y las use positivamente para transformarla y potenciarla. Que su trabajo vaya más allá de ser un administrador de cuatro u ocho años y pase a la historia como el primer “estadista” de este siglo. 

Ojo, no estoy pidiendo un caudillo. No estoy soñando con un “salvador” o “mesías”. Simplemente pido (y hasta a veces demando), que quien ocupe el cargo de gobernador sea una persona que reúna requisitos de capacidad (fundamental), liderazgo, apertura, visión y honestidad (y si alguna vez en su vida pagó un formulario 931 de AFIP, mejor). ¿Son muchas aptitudes? No creo.

No quiero seguir con la vara tan baja como está hoy. Un spot de campaña oficialista en Instagram del más alto funcionario actual, me da la razón. Dice: “Entre Ríos puede ir POR MÁS… demos un salto de calidad para Entre Ríos”. A confesión de partes… 

Los candidatos

Como decía al principio, los tres principales candidatos me generan expectativas. Considero que reúnen varios de los requisitos que mencioné anteriormente y eso me entusiasma. Y es lo que me motivó a generar las entrevistas con cada uno. De paso, tal vez ese contacto directo me ayudaba a decidir mi propio voto.

El orden de la publicación responde solamente al orden en que se hicieron las entrevistas. El único requisito fue hablar abiertamente. Sin agenda. Sin temas pre establecidos. 

Y los temas son los que nos importan en esta revista y que venimos publicando en todos estos años. La economía y crecimiento de Entre Ríos; la infraestructura; sueldos públicos y Caja de Jubilaciones.

Pero agregamos tres preguntas más que iban por fuera de las propuestas y que buscaban ver un poco más cómo piensan. 

La primera tiene que ver con la inteligencia artificial. ¿Qué saben del tema? La política se ha caracterizado por hablar dentro de su propia agenda, que cada vez es más chica y más mezquina. Preguntar hoy sobre inteligencia artificial no es preguntar sobre el futuro. Es preguntar por el presente. Es indagar sobre lo que está sucediendo en este preciso instante. Y lo que sucede en este momento, pero no alejado de la provincia de Entre Ríos. No es algo que acontece “en el mundo”, ese sustantivo tan inclusivo, pero tan lejano a la vez. 

Incluso, la política mundial y las grandes potencias lo tienen como tema primordial. “Quien gane la carrera de la inteligencia artificial tendrá grandes posibilidades de controlar el mundo”, es la frase que más suena. El tema de la tecnología está en la base de la “estrategia geopolítica” y es actualidad pura.

Y para ejemplificar que esto no es ajeno al “hoy, ahora y acá”, le pregunté a Chat GPT cómo la inteligencia artificial va a transformar al mundo y qué desafíos trae aparejados. Y esto contestó:

“La inteligencia artificial (IA) ya está teniendo un impacto significativo en el mundo y continuará transformando múltiples aspectos de la sociedad en el futuro. Algunas de las formas en las que la IA está y podría seguir transformando el mundo incluyen:

  • Automatización: La IA está revolucionando la automatización de tareas y procesos en diversas industrias, lo que aumenta la eficiencia y reduce costos. Esto puede liberar a los seres humanos de trabajos repetitivos y permitirles centrarse en tareas más creativas y estratégicas.
  • Salud y medicina: La IA está siendo aplicada en el diagnóstico médico, análisis de imágenes y detección de enfermedades, lo que puede mejorar la precisión y velocidad de los diagnósticos y tratamientos médicos.
  • Transporte autónomo: La IA está impulsando el desarrollo de vehículos autónomos, lo que podría mejorar la seguridad vial y transformar la industria del transporte y la logística.
  • Personalización: La IA permite a las empresas recopilar y analizar grandes cantidades de datos para ofrecer productos y servicios personalizados a los consumidores, lo que mejora la experiencia del cliente y aumenta la satisfacción.
  • Educación: La IA tiene el potencial de personalizar la educación, adaptando los contenidos y métodos de enseñanza a las necesidades y habilidades individuales de los estudiantes.
  • Investigación científica: La IA puede acelerar el proceso de investigación científica al analizar grandes conjuntos de datos y descubrir patrones y tendencias que serían difíciles de encontrar para los investigadores humanos.
  • Asistencia en el hogar: Los dispositivos de inteligencia artificial, como los asistentes virtuales, pueden ayudar a las personas con tareas diarias y mejorar la eficiencia y comodidad en el hogar.
  • Cambios en la fuerza laboral: La IA puede cambiar el panorama laboral, creando nuevos trabajos centrados en la tecnología y reduciendo la demanda de ciertos trabajos más tradicionales.
  • Comunicación y traducción: La IA está mejorando las capacidades de traducción de idiomas y facilitando la comunicación global entre personas que hablan diferentes lenguas.
  • Análisis de datos y toma de decisiones: La IA está ayudando a las empresas y gobiernos a tomar decisiones más informadas y basadas en datos al analizar grandes volúmenes de información.

Sin embargo, la implementación masiva de la IA también plantea desafíos éticos y sociales, como la privacidad de los datos, la seguridad cibernética, la pérdida de empleos y la responsabilidad en el uso de la tecnología, entre otros. Es importante abordar estos problemas para asegurarnos de que la IA tenga un impacto positivo y beneficioso en la sociedad en general”.

Aquí y ahora. En esta revista. Ya hemos generado en ediciones anteriores notas con la IA. Ya hemos utilizado un avatar para conducir nuestro programa de TV. La transformación tecnológica ocurre aquí y ahora. Y es disruptiva. Cambia el paradigma. Cambia el mundo. Cambia cómo nos estamos relacionando y comunicando. Cambia cómo aprendemos. Cambia cómo trabajamos. Cambia cómo vivimos. 

Entonces, alguien que aspira a dirigir una provincia, ¿tiene que saber sobre inteligencia artificial? Si el impacto de la tecnología es sobre la salud, sobre la forma en que se toman decisiones, sobre el transporte y sobre todo el resto de las cosas… ¿debería tener una opinión formada al respecto, para dar el debate moral, ético y social que la propia IA deja como desafíos?

La política vernácula ha reducido su agenda. Y quienes la practican se han quedado con los discursos de “manuales” de hace 50 o 70 años. Manuales que muchos ni siquiera han leído. 

Un simple ejemplo: los convenios colectivos de trabajo en Argentina son de la década de 1970. Ni siquiera se hicieron durante la democracia. ¿Podemos seguir trabajando o generando empleos con estos paradigmas? 

Por eso preguntamos sobre inteligencia artificial. No para que nos den una lección del tema. Simplemente para ver si tienen en cuenta lo que está pasando hoy, aquí y ahora. 

No pienso distinto

La segunda pregunta que hicimos y que sorprendió a los tres candidatos fue “¿En qué piensa distinto? Y nos referíamos a todas las personas. En definitiva, ¿en qué cosa no piensa como la gran mayoría?

Y fue una pregunta desconcertante para los tres. Tal vez, esa pregunta en una entrevista durante una campaña electoral puede no ser acertada, lo reconozco. Pero tiene un objetivo específico. 

¿Cuál es la obligación de que todos debemos pensar igual? ¿O cuál es el inconveniente de que tengamos opiniones diferentes a la gran mayoría?

En Argentina tenemos un gran problema: cambiar de opinión está mal visto. Ni siquiera con el tiempo se puede cambiar de opinión sobre algo. La televisión se ha encargado de reforzar este concepto con los “programas de archivo”, donde muestran “las incongruencias” de las personas y destacan la negatividad del cambio de opinión en diferentes tiempos y circunstancias. “No resiste el archivo”, es la frase popular. 

Y el grave problema de nuestra sociedad es que “no quiere cambiar de opinión”, porque cada uno de nosotros siempre tenemos razón. 

En Entre Ríos -por no decir Argentina- necesitamos gente que se ponga de acuerdo. Y para ponerse de acuerdo en algo (con cuatro cosas fundamentales nos sobra), primero hay que estar en desacuerdo o tener opiniones diferentes sobre esos temas. Ese es el punto de partida. Personas que piensan diferente sobre algo y que se sientan a una misma mesa a tener un diálogo. Y en un diálogo debe haber, como mínimo, dos personas. Mientras uno habla, el otro escucha. Para después intercambiar el orden. Y cuando decimos “escucha” incluimos la capacidad de pensar y procesar lo que “el otro” manifiesta. 

Esos diálogos deben terminar con una síntesis (tomando algo de uno y algo del otro), un acuerdo. Para llegar a los acuerdos es fundamental ser permeable a “cambiar de opinión”.  

Pensar distinto tiene que ver con la individualidad de las personas. Tiene que ver con los principios. Tiene que ver con los ideales. En un mundo que reconoce cada vez más la “diversidad”, debería ser fácil entender diferentes puntos de vista, porque la diversidad siempre suma. 

Entonces, entiendo que, en una campaña electoral, el candidato no quiera saber nada con “pensar distinto” al resto de sus seguidores. 

Basta de privilegios

Y la tercera pregunta que pudo sonar un tanto agresiva y sorpresiva al mismo tiempo fue “si van a votar absolutamente convencidos la lista completa de candidatos a diputados provinciales que cada uno lleva”.

En mi caso, nunca he votado a diputados provinciales. Ese cuerpo de la boleta es lisa y llanamente en blanco. ¿Por qué? Porque siempre aparece más de un “impresentable” que no podría ganar solo ni una elección vecinal (salvo en el caso de los sindicalistas que todos sabemos cómo es la “democracia” sindical). Es una boleta con 34 personas juntas y donde los ciudadanos no podemos elegir en forma individual. Y hay de todo. También en esta oportunidad. Por eso, para ayudar a los votantes, ponemos los primeros 18 nombres de cada lista con una breve referencia de quiénes son.

Los diputados, según la Constitución, son los representantes de los habitantes de la Provincia. En la política argentina (Entre Ríos incluida), los diputados han pasado a ser los representantes de los propios políticos y, cada vez más, de la misma familia de los propios políticos. 

Así, la Legislatura se convirtió en una escribanía. Prácticamente no sesiona y en contadas ocasiones ha impulsado proyectos valiosos para la Provincia.

La Legislatura es el actual ámbito del mayor caso de corrupción de Entre Ríos en la última década, con la “Causa de los Contratos Truchos”. Contratos que no podrían haber existido (y siguen existiendo) sin la anuencia de la oposición de turno. Hoy nada ha cambiado. Todo sigue igual. No solo que no hay transparencia, sino que además justifican abierta y desvergonzadamente el oscurantismo que en ese ámbito reina.

Entonces, si hablamos de terminar con los “privilegios de la casta”, es el lugar por dónde comenzar. ¿Lo impulsará la próxima gestión desde el Ejecutivo? ¿Se controlarán e irán por la transparencia los actuales candidatos? No creo que quieran, pero sí lo tenemos que exigir como sociedad hasta que lo hagan. Porque el dinero que manejan, es nuestro.

De eso sí se habla

Quien asuma el 11 de diciembre en Entre Ríos, sea del color que sea, no la va a tener fácil. Las cuentas públicas de la provincia penden de un hilo. De acuerdo a cómo se las mire podría decirse que están equilibradas. O no. El precio del equilibrio es no haber invertido en nada durante mucho tiempo sub ejecutando todos los presupuestos. 

Pero a partir del 2024, el nuevo gobernador no podrá evitar más los debates urticantes que nos debemos. Y que después de esos debates, se tendrá que tomar una decisión. 

La Caja de Jubilaciones no puede seguir así. Son 61.821 beneficiarios y más del 50% tiene menos de 59 años (un 21% tiene menos de 49 años); el haber promedio es de $287.414,11, pero hay haberes de $100.000 y de $3.000.000. El déficit equivale a 5.000 viviendas del IAPV por año, número que ni por asomo construye el Instituto de la Vivienda en Entre Ríos. Ese déficit sale de mi bolsillo (Rentas Generales), que no tengo nada que ver con el empleo público. ¿Qué van a hacer con eso?

Gran parte del motivo del déficit de la Caja tiene que ver con los sueldos en el Estado Provincial, donde el gobernador debe ser quien tiene uno de los haberes más bajos del Estado. ¿Es lógico? ¿Es congruente hablar de transparencia cuando el sueldo de un ministro es 10% inferior al del gobernador, pero el de un legislador provincial es el doble y el de un juez es más del triple?

O la Dirección de Vialidad, en una provincia con más de 27.000 kilómetros de caminos, una economía que depende del campo y que esa materia prima se pueda mover en tiempo y forma. ¿Qué van a hacer?

Y como si fuera poco, el año próximo comienzan los vencimientos de la deuda en dólares que refinanció Gustavo Bordet, tirando la pelota para adelante en el clásico “que lo pague el próximo” (así siempre cierran los números).

Bueno. Esos son algunos de los temas que les preguntamos a los tres principales candidatos a gobernador que tiene la provincia de Entre Ríos. Como verá nuestro lector, no fueron entrevistas de circunstancias ni para pasar avisos de campaña. 

Lo único que nos queda es esperar el resultado y después ver si el próximo gobernador de Entre Ríos nos permitirá entrevistarlo. Porque el actual, Gustavo Bordet, hace seis años que no accede a contestarnos las preguntas que nos hacemos constantemente.

Santiago Pidone

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