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¿Seremos capaces?

Balance 2023 y perspectivas 2024

Después de un extenso año signado por lo electoral, el país dijo basta enérgicamente y se animó a elegir una propuesta diferente en busca de resultados distintos. Incluso sabiendo de “la motosierra” y un ajuste histórico necesario que recién comienza. Este cambio de rumbo no será gratis -ni mucho menos sencillo- para todos. El desafío será para cada uno de nosotros cuando impacte en el bolsillo, lo que significará pagar la cuenta de tantos años de desidia; para las empresas, cuando se den cuenta que hace una década están solo mirando la coyuntura para sobrevivir y tengan que competir con el mundo; y para la política, cuando tengan que levantar la mano para perder gran parte de los privilegios que la convirtieron en los únicos beneficiados con la decadencia argentina. ¿Seremos capaces de defender lo que elegimos?

Por

Martin Oleinizak

El año pasado, para esta misma fecha, titulamos como “optimistudos” a quienes se animaban a seguir creyendo en el país. El optimismo testarudo de todo aquel que emprende, en el nivel, actividad, locación y tamaño que sea, ha sido lo único que lo ha sostenido para llegar hasta acá.

Decíamos que el optimismo es una perspectiva positiva y esperanzadora del futuro, de sí mismo y del mundo que lo rodea. Es una parte clave para la resiliencia, la fortaleza interior que ayuda a atravesar momentos difíciles. Por definición, el optimismo ayuda a ver, sentir y pensar de forma positiva.

Solo el optimismo ciego de los emprendedores los ha traído hasta finales de 2023. Porque las condiciones económicas en las que llegamos, en cualquier país civilizado del mundo, hubiera hecho que la gran mayoría hubiera cerrado sus negocios y dedicado a otra cosa.

Argentina era inviable en todos los sentidos. La irresponsabilidad de la política y una cultura promovida durante varias décadas desde los mismos ámbitos, nos han llevado a un empobrecimiento constante y sostenido, hasta llegar a índices insostenibles de pobreza, inflación y educación, y ni que hablar de una cultura opuesta al esfuerzo que castiga a quien trata de hacer las cosas bien. Tanto ha sido así, que llegamos a ver indicadores donde los nuevos profesionales de los sectores más acomodados, prefieren tener un empleo en el Estado que desarrollar sus propios negocios.

Argentina había perdido absolutamente su norte e iba en camino a convertirse en una pobre Nación.

Argentina había perdido absolutamente su norte e iba en camino a convertirse en una pobre Nación.

Un nuevo camino

La dignidad es lo último que se pierde.

Tal ha sido la degradación de estas décadas, que el 57% de la sociedad eligió a una persona totalmente outsider del sistema político tradicional; que la gran mayoría de ese 57% nunca lo hubiera pensado en votar hasta 4 meses antes de noviembre último; que lo eligió, precisamente, porque le dijo que lo que viene para el país será muy difícil y que el ajuste es indispensable; y que ese ajuste, por primera vez, lo iba a pagar “la casta”, la política, y no los “ciudadanos de bien” que siempre han pagado los platos rotos de tantas fiestas argentinas.

Pero aquí hay un gran problema. Todos nos consideramos “ciudadanos de bien” y, por ende, no deberíamos ser nosotros quienes paguemos este necesario ajuste monstruoso.

¿Quién de nosotros se considera “casta”? Nadie. Pero al mismo tiempo, tal vez, lo somos…

“Casta” es la clase política. Aquella que vive con sueldos totalmente alejados de la realidad económica del país y la provincia. Que se han enriquecido groseramente, sin poder justificar sus patrimonios ni con los estrepitosos sueldos que cobran. Aquellos que son impunes a una justicia cómplice, por acción u omisión.

“Casta” también son los empleados públicos que aparecieron después del 11 de diciembre por las diferentes reparticiones, muchos por primera vez, para que no se les corte ese ingreso que tienen por no cumplir ninguna función.

“Casta” también son aquellos empleados públicos que, adscritos a un lugar diferente del que deberían cumplir funciones, tienen otro contrato y suman una segunda remuneración. En alguno de los dos lugares no trabajan, pero cobran.

“Casta” son los empleados públicos que se pueden jubilar en un sistema diferencial y preferencial al resto de los ciudadanos, a una edad absurda y en condiciones totalmente desiguales. Y a quienes el resto de la sociedad debe contribuir a mantener con el aporte de impuestos exorbitantes, porque si no es imposible de sostener esos privilegios.

Pero, “casta” es también todo el sector privado que se ha beneficiado de los miles de privilegios que fue consiguiendo en todo este tiempo, a partir de favores y tratos preferenciales con el poder de turno. Desde sindicatos, los más beneficiados y cómplices de este desigual sistema argentino, hasta los propios medios de comunicación y periodistas, que viven exclusivamente de la publicidad estatal con la excusa de la “libertad de expresión”. Incluso, la gran mayoría de esos beneficiarios de la pauta estatal, en todos los estamentos, también son empleados públicos, cobrando por dos ventanillas de un mismo lugar.

La definición de “casta” podría seguir en una interminable enumeración de sectores, en los cuales, de una u otra manera, podríamos estar incluidos.

Entonces, quienes vamos a pagar el ajuste, seguramente seremos la gran mayoría de los argentinos. ¿Estamos dispuestos a perder los privilegios que teníamos cada uno en su sector? ¿Estamos dispuestos a entender el desafío que esto implica, y re adaptarnos a la nueva palabra que parece ser la que ordenará el escenario desde los próximos meses?

Esa nueva palabra mágica es COMPETENCIA. ¿Estamos listos para competir y que las ineficiencias no se tapen más con la inflación?

Una nueva esperanza

“Era imposible seguir como veníamos” fue una de las frases más escuchadas durante el sondeo de opinión que hicimos con los empresarios y que se desarrollarán en el resto de las páginas de esta revista.

Como todos los años, son más de 60 empresarios de todos los tamaños, rubros y ubicaciones geográficas, dentro de la región, que responden una serie de preguntas base.

En primera instancia analizan el año que termina. En el balance general, promediando cómo lo calificó cada uno, fue un año que no llegó a los 7 puntos. La calificación general fue de 6,85 en una escala de 1 a 10. Las principales consideraciones giraron en torno a las complicaciones que trajo aparejado el año electoral sumado a una sequía que siempre impacta muy fuerte en provincias como la nuestra, que no logra dejar la matriz productiva directamente ligada a la suerte del campo. “El año fue muy largo”, dijeron. Cada mes se comportó diferente al anterior y la incertidumbre se apoderó de la mayoría de los escenarios. Las complicaciones respecto a las importaciones y la provisión de insumos y repuestos tuvieron en jaque a una gran cantidad de empresas e incluso, algunas, tuvieron que frenar sus actividades en varias partes durante el año. El esfuerzo que demandó el 2023 no se correlacionó con los resultados. La gran mayoría sacrificó rentabilidad, ya que fue imposible seguir el ritmo de incremento de las materias primas. De igual manera, las pymes argentinas en general, han aprendido a convivir con niveles altos de inflación y siempre, de una u otra manera, logran sobrevivir.

Pero el precio de la supervivencia es alto. Y se refleja en la siguiente pregunta que contestaron los empresarios: ¿Cómo impactará el nuevo rumbo económico en cada una de sus actividades? Y ahí comienzan los interrogantes.

Cabe aclarar que el 50% de los entrevistados dio sus respuestas antes de la asunción de Javier Milei como presidente; mientras que otro 40% lo hizo mientras se sucedían las primeras medidas. Menos del 10% respondió con el DNU que pretende desregular la economía en la mano. Por lo tanto, las conjeturas que se hicieron tuvieron mucho de “deseo” y de “expectativas”, más que de realidad.

Lo cierto, es que la gran mayoría estaba expectante con el cambio que se está gestando, conscientes todos de que era imposible seguir por el camino de mentiras que se venía transitando. Un sinceramiento de la economía era el primer paso para conocer y adaptarse a las nuevas reglas de juego. La gran preocupación es hasta dónde llegará esa “liberación de la economía”, en un país acostumbrado al proteccionismo y el hermetismo fronteras adentro.

Con empresas que hace más de diez años que se preocupan casi exclusivamente por sobrevivir, con el árbol gigante de la coyuntura tapando el bosque del mundo, pensar en competir de un día para el otro, puede ser complejo. Pensar en eficiencia asociada a esa competencia, también presenta un desafío con final abierto.

Lo social es la gran incógnita

Para pensar el 2024 en este contexto de grandes definiciones es todo un desafío. El optimismo florece por sobre la razón en los sectores que podrían verse beneficiados, principalmente por un clima más benigno que traerá seguramente buenas cosechas y el viento de cola de un sector agrícola determinante para la región y el país. Por otro lado, el pesimismo se siente en los sectores ligados al consumo y la construcción. La paralización de las obras públicas es muy preocupante y las deudas millonarias que deja el gobierno saliente, tanto en Nación como en Provincia, hacen un panorama sombrío para la “madre de industrias”.

Dependiendo de qué sector se trate, se ubica de uno u otro lado de esa balanza. La pregunta es cuál de los dos será más determinante para empujar la economía hacia uno u otro lado.

La única certeza que aparece es la convicción de que habrá varios meses con altos niveles de inflación, baja en el consumo y pérdida de la capacidad adquisitiva de la gente. Y aquí es donde se repite el interrogante que acompaña todo este proceso. ¿Cuánto aguantará la gente el ajuste que es necesario hacer? Y principalmente, cómo reaccionarán los diferentes estamentos sociales y políticos, ante esa situación. “Claramente es necesario sincerar la economía y pagar la fiesta de todos estos años y la gente votó esto, pero ¿será capaz de sostenerlo cuando el ajuste le llegue al bolsillo propio?”, respondió uno de los consultados. “El miedo es que estemos a mitad de camino y queramos volver a lo anterior; y eso sería el mayor de los desastres”.

A la hora de tomar el promedio del balance general de todos los empresarios, se espera un año casi similar al que pasó, con una calificación de 7,08 sobre 10, con expectativas para una recuperación superior después de los primeros cinco o seis meses del año.

Entre Ríos y el final de algunos privilegios

En Entre Ríos también nace una esperanza proveniente de un cambio de rumbo que pretende ser radical. Desde el discurso de asunción, el flamante gobernador Rogelio Frigerio está mostrando convicción y austeridad. Promete ajustar fuertemente las cuentas públicas y cuidar en serio lo que gasta la provincia. Menos cargos, más eficiencia y responsabilidad en las funciones. Además de poner en el primer lugar de la agenda la recuperación de la economía y el impulso a la generación de puestos de trabajo privados, por sobre el empleo público.

También en los discursos de asunción -tanto en la Legislatura como en la explanada de Casa de Gobierno-, dijo que iba a ser implacable con la corrupción y revisar lo que ha sucedido en el poder legislativo y los contratos de todos estos años.

Los sueldos de los funcionarios serán analizados en todos los órdenes y “nadie ganará más que el gobernador”, además de confirmar que eliminará la partida de Gastos Reservados que tiene de libre disponibilidad para sus funciones el primer mandatario y la vicegobernadora.

En definitiva, Frigerio propone lo que venimos demandando desde hace años en estas páginas: transparencia, austeridad y eficiencia en el sector público.

Todas esas fueron las propias palabras del gobernador electo. Ahora son necesarias las acciones que conviertan las palabras en realidades. Y ahí es donde nos pondremos muy expectantes.

El discurso de Frigerio va en línea con lo que plantea Milei en la Nación, pero se queda corto. La falta de compromisos partidarios del flamante presidente de la Nación lo ha hecho ir mucho más allá de simples reformas. El contenido del primer DNU que se conoció y que por estas horas comienza a debatirse si podrá entrar en vigencia y mantenerse, produce cambios radicales. Lo mismo sucede con muchas otras medidas que se están tomando a nivel nacional. Desde la eliminación de los 7.000 contratos de personal celebrados este año hasta la revisión de los anteriores; o el corte radical de la pauta publicitaria al menos por seis meses del Gobierno Nacional.

¿Se animará el Gobierno de Entre Ríos también a ir por más y reducir y eliminar gastos que solo corresponden a privilegios de varios sectores? ¿Se revisarán las contrataciones y pases a planta o de un Poder a otro de los últimos años? ¿Qué pasará con la Caja de Jubilaciones, que no ha tenido ninguna mención hasta ahora? Y si queremos ir más allá, ¿se va a eliminar la Ley de Enganche del Poder Judicial? ¿y la intangibilidad de los empleos públicos? ¿Y la edad jubilatoria? Para entrar en recortes en serio y quitar privilegios, Entre Ríos tiene muchísimo por hacer.

La gran demanda, INFRAESTRUCTURA

Más allá de la reducción del gasto público, la otra gran demanda (y necesidad imperiosa) que tiene la provincia es INFRAESTRUCTURA. Y el reclamo es con mayúscula. Porque los caminos troncales, secundarios y terciarios están detonados. No han tenido mantenimiento y muchos han sido abandonados por Vialidad desde hace años. Y tendremos un año con lluvias, pero con una gran cosecha para sacar de los campos.

Y la demanda de infraestructura no se queda en caminos. También es gravísima la situación del sector eléctrico. ENERSA es incapaz de dar respuestas y lo demostramos en números anteriores en esta revista. Hoy, las industrias no pueden incorporar tecnología porque no tienen energía que las abastezca; no se pueden construir nuevos galpones de pollo o cerdos, plantas de silos o alimentos balanceados o tambos porque la energía no llega con suficiente potencia al medio rural. Y si llega, la calidad del suministro es mala. Y como si fuera poco, es la boleta de luz más cara del país. ENERSA se convirtió en una Caja política, más que la empresa que debería potenciar la producción entrerriana.

Sin caminos, sin electricidad y casi sin comunicaciones. Entre Ríos cuenta con una red de fibra óptica apagada, que nadie de la gestión Bordet siquiera intentó encender. Y teniendo semejante autopista de información, la conectividad a internet solo es buena en las ciudades cabeceras, principalmente sobre las costas del río Paraná y Uruguay. El centro de Entre Ríos es un desierto donde la señal de conexión se encuentra en algunos oasis determinados. En el medio del campo, solo por milagro.

Con ese panorama, es difícil salir a competir por la radicación de empresas a otras provincias.

Pero la infraestructura no es el único gran problema que frena y encarece producir en Entre Ríos. Hoy, por Ingresos Brutos, es una de las provincias más caras impositivamente. Con ciudades como Paraná, Concordia y Gualeguaychú con las Tasas Municipales más altas de la Argentina. Ingresos Brutos más Tasas Municipales, hacen inviable cualquier radicación.

La tarea que tiene por delante Rogelio Frigerio es tan desafiante como la de Javier Milei. Porque el mantra que se instaló en Nación, “NO HAY PLATA”, también se aplica a Entre Ríos, a pesar de los intentos propagandistas del gobierno anterior de decir que dejó las cuentas ordenadas y millonarias cifras para futuros vencimientos.

Tendremos un 2024 que no será para nada sencillo. Hay un desafío enorme por delante para dar un cambio radical en la realidad de la provincia y el país.

Queda en el aire la gran pregunta por responder… Esta vez, ¿seremos capaces?

Paula Engelberger

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