Balances y perspectivas

La hora de la verdad

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Nunca, desde que hacemos este Anuario en casi 20 años, había pasado. Nunca se les escuchó a los empresarios pronunciar la palabra “alivio” ni mucho menos la palabra “tranquilidad” en las reflexiones sobre los balances y perspectivas para el año siguiente. Si la pronunciaban era cómo su gran anhelo. Una utopía. Soñar que Argentina podía empezar a ser un “país normal”. Era ese pedido a Papá Noel, sabiendo que no existe… Y sin embargo ocurrió. Y pasó de un minuto a otro. Fue el resultado de las elecciones. En el momento más caliente político económico del país, sopló la brisa fresca del escrutinio… la calma… y la tranquilidad… Ahora hay reglas de juego claras y que se mantendrán por un tiempo. Y en Argentina, eso es como ganar medio partido de entrada. A pesar de que muchos vienen 0-5 abajo. Llegó la hora de la verdad.

Por Martin Oleinizak

2025 fue un año electoral. No fue “cualquier” año electoral. Fue el año en el que una elección de medio término pesó más que una elección general. 

Hace dos ediciones atrás de este Anuario, en 2023, dejamos tres preguntas en la tapa. Tenían que ver con los cambios que se venían en el país. Esas preguntas las seguimos recordando porque fueron exactamente las tres que han condicionado estos dos años de gobierno libertario: “¿Entiende la sociedad el cambio de modelo cultural que significa el nuevo gobierno? ¿Serán capaces las empresas de competir en el nuevo modelo? ¿Y la política, cuánto hará para no perder sus grandes privilegios?” 

La primera, ha quedado claramente demostrado que la sociedad sí entendió lo que votó. Y no solo que soportó el ajuste más crudo de la historia argentina, sino que lo avaló y lo volvió a votar; La segunda, las empresas entendieron que tienen que competir. Por ahora como pueden, con reglas desparejas frente a la importación, pero con la ilusión de que en esta próxima etapa es el turno de emparejar la cancha; y la tercera pregunta es la más importante. La que prácticamente se terminó de definir en esta última elección. La que complicó y llevó al extremo la volatilidad de este 2025: la política (la vieja política, o sea el 90% de la política), NO QUIERE PERDER SUS PRIVILEGIOS. Por eso hizo lo que hizo. Por eso se intentó boicotear a cualquier precio el resultado electoral. Y cometió sólo un (gran) error: No entendió, y sigue sin entender, que la sociedad respondió desde el primer día la pregunta inicial. Argentina quería un cambio “cultural” y está dispuesta a cualquier cosa para salir del oscurantismo de más de 7 décadas de atraso, decrecimiento constante y robo organizado a través de la apropiación del Estado en mano de delincuentes.

El gran fenómeno fue el domingo de las elecciones. Hasta las 17.59 hs, había una sensación de angustia y pánico sobre el resultado. Pasaron apenas menos de dos horas y llegó la palabra mágica que nunca pensamos que íbamos a escuchar: TRANQUILIDAD. Las urnas dieron la derecha al gobierno. Y hablaron a los gritos. Tan fuerte hablaron que sobraron un par de semanas para que la mayoría de los indicadores volvieran a ajustarse a la baja, como lo venían haciendo hasta 5 meses antes. 

“¿Sabes lo que hice el lunes post electoral? Me quedé a dormir. Dormí todo el día. Estaba agotado de los dos meses anteriores”, nos confió uno de los empresarios que participa en esta edición. “Ese mismo lunes recibimos una cantidad de pedidos para retomar proyectos”, dijo otro. “Nosotros el lunes a primera hora, sacamos las carpetas y hablamos con proveedores para encarar la inversión que necesitamos hacer”, comentó ilusionado otro más. “Al menos tenemos dos años por delante con un norte bien claro, y si sale bien, seguramente serán 6 años… y eso es previsibilidad”, sentenció un cuarto empresario. 

Tranquilidad. Alivio. De un segundo para otro. Así es Argentina. ¿Será que podremos dejar atrás este tipo de giros bruscos? Porque en realidad, la incertidumbre y crisis que se provocó este año fue mucho más política y deliberada que un problema cierto de la economía. Fue el último manotazo para “no perder los privilegios de la vieja política”. Y casi nos lleva puesto a todos. 

Ahora, con esto que estamos diciendo no dejamos de reconocer que falta mucho todavía. Ni que Argentina está viviendo “años verdes”.

El resultado electoral fue solamente la oportunidad que le dió la sociedad al gobierno libertario de que “haga lo que dijo que iba a hacer”. Ya no hay más excusas. Ahora viene un par de años donde se van a juzgar los resultados. 

Reforma Laboral. Reforma Impositiva. Son las dos grandes mantas que resuenan en los oídos de todos. Fundamentales. Necesarias. Determinantes. 

Argentina necesita salir imperiosamente de la demonización del empresariado. Aquel que pone el cuerpo, su capital y su riesgo constantemente ha sido apuntado con el dedo de todo tipo de acusaciones. Y no solo de una sociedad que parece que no entiende que sin generar trabajo genuino no puede avanzar hacia ningún lado. También de la propia justicia. La principal responsable -y que todavía no lo asume-, del “miedo a invertir en el país”.

“Más que la Reforma Laboral, necesitamos una reforma de la Justicia”, declaró otro de los empresarios consultados en esta edición. “No puede ser que un juicio laboral de una sola persona ponga en peligro la continuidad de una pyme con otros 10 empleados más”. La industria del juicio hizo y sigue haciendo estragos. ¿Tendrá que ver que por cada 100 abogados que se reciben en el país sólo lo hacen 31 ingenieros? 

Jueces y abogados, con más jurisprudencia que con leyes reales, se han encargado de torcer la balanza en favor del trabajador. Incluso en casos donde todas las pruebas no lo favorecen. Y en estos tiempos modernos, también la medicina está siendo cómplice en estas discusiones a través de certificados truchos y licencias eternas, amparadas en enfermedades de difícil validación. El resultado siempre ha sido el mismo: quien emprende, quien da trabajo ES EL CULPABLE. Como si cada empresario se levanta cada día para ver a quién va a echar en esa jornada. Este concepto es el que también está cambiando en la sociedad, más lento… sí, pero está cambiando.

Hay más de 150 impuestos en Argentina. Las empresas deben contratar personal adicional en sus áreas administrativas para intentar tener todo en orden. Así y todo, es imposible. La maraña impositiva está diseñada de tal manera que siempre habrá algo desordenado. 

Pero no es solamente la cantidad. Sino también la calidad de esos impuestos. La implementación. La forma en que se cobran. La discrecionalidad de los Estados (nacionales, provinciales y municipales) para determinarlos. Ingresos Brutos es distorsivo y se cobra tantas veces como eslabones tiene una cadena comercial, siempre encareciendo el producto final; las tasas municipales no son tales, porque no tienen una contraprestación y se calculan en base a una facturación. Un delirio legal. Sin embargo, así funciona.

La reforma impositiva no es solamente la que se va a discutir en la Legislatura Nacional. La reforma impositiva SE DEBE DISCUTIR EN CADA PROVINCIA Y EN CADA MUNICIPIO. Para hacerlo, esos gobiernos deben discutir y sincerar sus “gastos”. Cuáles son esenciales y cuáles son “los de la vieja política de privilegios”. Esa tarea está pendiente. Seriamente pendiente. Todos miraron al Gobierno Nacional. Pocos replicaron el ajuste necesario puertas adentro. Tarde o temprano lo tendrán que hacer. La sociedad ya entendió de qué se trata el robo que tuvimos en el país. Y castiga en las urnas. Cada uno sabrá qué tiene que hacer si quiere continuar en la carrera pública. 

Balances y perspectivas

Vamos a lo importante. ¿Cómo les fue a las pymes entrerrianas en 2025? Como siempre, la diversidad productiva de Entre Ríos hace que tengamos sectores que les fue muy bien y otros no tanto. El promedio de nuestros consultados en este sondeo de opinión nos dió 7.53 (escala de 1 a 10), con la mayoría de las empresas ubicadas entre el “bien”(45%) y el “muy bien” (51%). Lo que resta fue “regular” y “excelente”, la minoría.

Lo común en la gran mayoría, es el trabajo hacia adentro que han tenido que hacer en este 2025. Fue un año de “transición”; de “ordenar la empresa al nuevo contexto”; de adaptación. 

También fue un año de empezar a pensar en las inversiones pendientes. Principalmente en los primeros cinco meses, cuando las tasas iban retrocediendo y los bancos entendiendo que debían trabajar de bancos. Después de mayo llegó el período pre electoral más fuerte y la debacle de los números y la vuelta a volar de las tasas. Esos meses fueron para todos los peores. Volvió la incertidumbre y un poco de caos. 

Los números comenzaron a tomar color rojo. Los cheques empezaron a “rebotar” y la economía se complicó. Varias empresas tuvieron complicaciones. Serias. Negocios, comercios, profesionales… Todo se fue complicando. Tarjetas de crédito en rojo, demora en el pago de créditos, falta de circulante y un dólar que tenía idas y venidas. Parecía una tormenta perfecta y la vuelta a la Argentina del caos. Hasta las elecciones. 

Después la calma. Pero los números en rojo continúan en muchos sectores. Los propios bancos reconocen que las moras en los cumplimientos continuarán durante el primer semestre de 2026. Un resultado electoral puede cambiar el humor y las perspectivas, pero no hace magia con el día a día. 

Las expectativas es lo que más rápido se recuperó. y que las reformas estructurales sean agenda es la gran noticia. “El hecho de que podamos discutir seriamente un sistema como el laboral que tiene más de 50 años y está obsoleto hace tiempo, ya es bueno”, declaró un empresario consultado. Qué saldrá después como reforma real es otro tema. Cualquier cosa es mejor a lo actual. 

Y la gran mayoría coincide en que ya es momento de pensar en inversiones en serio. Si bien muchas de las empresas más importantes no miran tanto la coyuntura económica para encarar sus inversiones, las medianas y más pequeñas, sí. Venimos de muchos años donde solo se invertía en las cosas indispensables para no quedarse relegado en el tiempo. Bueno. Ahora con un panorama de mediano plazo más claro, las carpetas de inversión están sobre la mesa. Algunos se están animando con fondos propios y otros están esperando las tasas más coherentes. Que los bancos trabajen de bancos y sean quienes apalanquen los crecimientos. Como sucede en todo el mundo. 

Es interesante también cómo esperan el 2026 los emprendedores entrerrianos. La gran mayoría (92%) está seguro que será un año mejor. La valoración nos da 8,35 (escala de 1 a 10). Y coinciden en afirmar que esa mejora no será con saltos, sino paulatina. Más lenta que rápida. Y lo prefieren así. Que las mejoras sean constantes y durante mucho tiempo a que sean rebotes fuertes. Eso permitirá un crecimiento ordenado. Una mejor planificación. 

La sensación de que Argentina se encamina a un período de crecimiento está latente casi por unanimidad. Que los indicadores de la economía beneficiarán al desarrollo de las pymes también. Que las reformas, más tarde que temprano, serán beneficiosas para un nuevo contexto. 

Tampoco hay dudas de que el 2026 seguirá siendo más un año de transición que de crecimiento. Hay que adaptarse a lo nuevo. Hay que ver cómo competir con las importaciones. Cuál es el espacio que se podrá ocupar y cuáles no valdrá más la pena en seguir insistiendo. 

No va a ser un año fácil el 2026. Nadie lo cree así. Pero sí será un año donde la toma de decisiones correrá por cada empresario, sus posibilidades y sus capacidades… y no por una coyuntura que los lleve puesto. 

No dilatemos más y veamos cómo les fue y cómo ven el futuro a los verdaderos protagonistas de hacer grande Entre Ríos. 

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