El Hinojo, empresa entrerriana de la familia Cerini, construyó en cinco décadas un modelo que combina agro, producción porcina, pecanes y comercialización directa de carne. Desde un campo heredado en los años 70 hasta el desarrollo de la cadena porcina y las carnicerías La Porca, la firma evolucionó de productor a empresa agroindustrial, apoyada en la diversificación, la gestión profesional y un fuerte enfoque en los valores familiares.
En la edición 1346 de X-Más TV hicimos un repaso por la historia de El Hinojo S.A., una empresa entrerriana que, a lo largo de 50 años atravesó un proceso de transformación productiva y organizacional que la llevó desde sus orígenes agropecuarios hasta un esquema diversificado con agregado de valor y presencia comercial directa a través de las carnicerías La Porca.
El recorrido comienza con Alberto Cerini, fundador de la empresa junto a su esposa Noemí, quien a mediados de la década del 70 heredó unas héctareas de campo que fueron el punto de partida. “La cosa empezó hace muchos años… mi mujer heredó un campo de su padre”, señala Alberto, al describir el punto de partida: 300 hectáreas en el departamento Victoria, la zona del Hinojal. Sin experiencia previa en el sector, abogado de profesión, reconoce: “Nunca había visto un tractor de cerca, no había visto nunca una vaca de cerca”.
El inicio estuvo marcado por el acceso al crédito y el aprendizaje sobre la marcha. “Nos tiramos a la pileta”, resume Alberto sobre ese primer paso en 1976, financiado con préstamos se compraron las primeras herramientas y el primer tractor. Vendieron un auto, y mientras seguia trabajando como abogado, destinaba todos los esfuerzos a este proyecto. La producción inicial combinó agricultura y ganadería, en un esquema que fue evolucionando con el tiempo. “Todos los comienzos son a suerte y error”, afirma.
De productor a empresario
La consolidación del proyecto tuvo un punto de inflexión en los años 90, con la compra de nuevas tierras y la reinversión constante de los ingresos familiares. “Todos los ahorros de la familia iban destinados a poner en marcha ese emprendimiento”, explica Cerini.
La incorporación de la segunda generación marcó un cambio en la escala y en la lógica de funcionamiento. Gerónimo Cerini, uno de sus hijos, se suma tras recibirse de ingeniero agrónomo y describe ese momento como el inicio de una nueva etapa: “Empezamos con la idea de una transformación… el campo que supuestamente era malo, que teniamos en Nogoyá, se transforma en un campazo” y en ese contexto de cambio de modelo productivo.
Con el avance de la agricultura continua, la empresa dejó atrás la ganadería tradicional. “Hicimos el último gran arreo… y vendimos toda la hacienda”, recuerda Gerónimo. A partir de allí, el foco se concentró en la agricultura, inicialmente con cultivos tradicionales y luego con una creciente diversificación, explotando tanto campos propios como campos arrendados.
El rol del Grupo CREA y la diversificación
Uno de los factores clave en la evolución de El Hinojo fue su participación en el Grupo CREA Victoria. “Fue un punto muy importante”, destaca Gerónimo, quien subraya que el espacio permitió no solo mejorar lo técnico, sino también avanzar en la gestión empresarial.
A partir de ese trabajo colectivo, surgió la necesidad de diversificar riesgos. “Nos dimos cuenta que una empresa en Entre Ríos con un solo negocio, con volumen en un solo negocio era riesgosa”, señala. Esa conclusión derivó en la búsqueda de alternativas de agregado de valor, especialmente vinculadas al uso de los granos producidos.
En paralelo, la empresa amplió su esquema productivo. “Hoy tenemos 13 o 14 cultivos de invierno totalmente diversificados”, explica, en contraste con los comienzos donde el trigo era prácticamente la única opción.
Sistemas, gestión y cambio de enfoque
La incorporación de Dolores Cerini, con formación en sistemas, marcó otro hito en la profesionalización. “Ahí nació la empresa”, afirma Alberto, al referirse al momento en que comenzaron a trabajar con información estructurada para la toma de decisiones.
Gerónimo agrega que ese cambio permitió “empezar a pensar en la información… procesarla y presentarla de forma tal que permita una decisión más sólida”. El paso de productor a empresario aparece como un eje.
La integración hacia el consumidor: nacimiento de La Porca

El siguiente salto fue la integración hacia adelante, con el desarrollo de la producción porcina y la posterior comercialización directa. Juan Pablo Cerini describe el proceso: “La obra arranca entre 2011 y empezamos a vender en 2014”.
Inicialmente, la empresa buscó acuerdos con frigoríficos, pero al no concretarse, optó por desarrollar su propio canal comercial. “¿Cuál es la unidad mínima comercial? Una carnicería”, resume. Así nació la primera sucursal de La Porca en 2016.
El crecimiento fue progresivo. “Rápidamente logramos crecer en un par de sucursales”, señala, aunque reconoce que los primeros años implicaron aprendizaje operativo y armado de equipos.
La pandemia como punto de inflexión
El contexto de la pandemia en 2020 tuvo un impacto decisivo en el negocio. Mientras caía la demanda industrial, la venta directa cobró protagonismo. “La Porca fue la vía de salida de toda la producción de la granja”, explica Juan Pablo.
La caída del precio del animal en pie permitió ajustar precios al consumidor y aumentar el volumen de ventas. “La cantidad de kilos que vendíamos se multiplicó de una manera exponencial”, afirma. A partir de ese momento, la empresa consolidó la estrategia de expansión comercial.
Empresa familiar y continuidad
En el tramo final del programa, el eje se traslada a la organización familiar. Alberto Serini destaca el trabajo realizado en torno al protocolo de familia: “Para mí eso es la clave de todo este desarrollo”.
El proceso, iniciado a fines de la década del 2000, permitió ordenar roles y establecer criterios de funcionamiento. “Nos enseñaron a ser una empresa de familia”, señala. Entre los valores que menciona aparecen la “transparencia, confianza, responsabilidad y honestidad”.
Jerónimo refuerza la idea de anticipación: “Cuando nos tocó bailar fuerte… ese tema no fue un ruido”. La preparación previa evitó conflictos en momentos de crecimiento.
Actualmente, la empresa emplea a unas 190 personas y enfrenta el desafío de la tercera generación. “El desafío más grande es el de ellos”, plantea Alberto, en referencia a sus hijos y futuros herederos.
Una construcción basada en vínculos
Más allá de los aspectos productivos y económicos, en los testimonios aparece con fuerza la dimensión humana del proyecto. “Uno pone el empuje, pero después están las personas que se van sumando”, señala Gerónimo.
Alberto sintetiza esa idea en un concepto: “El valor emocional del patrimonio familiar”. Y agrega: “No importa si mañana se vende el campo… ese fue un inicio, es una cosa más”.
La historia de El Hinojo muestra un recorrido de largo plazo, donde la combinación de decisiones productivas, aprendizaje colectivo y organización familiar permitió sostener un crecimiento sostenido, adaptándose a los cambios del contexto y ampliando su alcance más allá del esquema agropecuario tradicional.




