|
Getting your Trinity Audio player ready...
|
De heredar un campo a construir una empresa agroindustrial: Alberto, Gerónimo y Juan Pablo Cerini repsan la historia de «El Hinojo». Una empresa agropecuaria entrerriana que evolucionó desde la producción básica hasta la venta directa al público con su propia cadena de carnicerías. Este caso, enmarcado en el ciclo que celebra las tres décadas del programa recorriendo la provincia, ilustra el exitoso paso de simples productores a verdaderos empresarios agroindustriales.
Un comienzo desde cero y con herramientas prestadas
La historia de la empresa comenzó a forjarse en marzo de 1976, cuando Alberto Cerini y su esposa decidieron hacerse cargo de un campo de 300 hectáreas en el departamento de Victoria, tierras que ella había heredado de su padre y de su abuelo. Curiosamente, Alberto era estudiante de abogacía en aquel entonces y admitió que en su vida había visto «un tractor de cerca» ni «una vaca de cerca». Con el apoyo de asesores del INTA y tomando créditos del BID y del Banco Nación, la familia vendió un auto para pagar la seña de su primera maquinaria y compró 13 animales, dando un salto al vacío que marcaría su destino.
La expansión territorial y el adiós a la ganadería
El esfuerzo inicial y la reinversión constante de los ahorros familiares permitieron que en 1997 adquirieran una fracción de 600 hectáreas en Nogoyá. Se trataba de un campo abandonado, repleto de malezas y hormigueros, que lograron limpiar, sistematizar y transformar en tierras productivas de alto valor. En el año 2002, con la incorporación a la empresa de su hijo Jerónimo, recién egresado como ingeniero agrónomo, el proyecto dio un giro productivo crucial. Ante los cambios del modelo económico, decidieron apostar de lleno por la agricultura continua, lo que motivó un épico último arreo de unas 400 o 500 vacas con el fin de liquidar la hacienda y volcar todo ese capital a la siembra.
Visión empresarial, sistemas y agricultura regenerativa
Un pilar fundamental en este desarrollo fue la participación activa como socios fundadores del Grupo CREA Victoria, un espacio que los impulsó a dejar de pensar solo como productores y empezar a enfocarse en la gestión empresarial integral. Al notar que la agricultura continua en Entre Ríos presentaba una variabilidad de resultados demasiado riesgosa, decidieron diversificar su modelo de negocios para minimizar el impacto del clima y de los problemas impositivos, como el constante y perjudicial saldo técnico del IVA.
Pasaron de cultivar exclusivamente commodities a manejar hasta 14 cultivos de invierno distintos, integrando colza, carinata y semillas, e implementando prácticas de lo que hoy se conoce como agricultura regenerativa mucho antes de que se volviera una moda. Además, la incorporación de Dolores Cerini, ingeniera en sistemas, marcó lo que Alberto considera el verdadero «nacimiento de la empresa», ya que introdujo la sistematización y el ordenamiento de los datos para la toma de decisiones precisas.
El salto al valor agregado: El nacimiento de «La Porca»
Para agregar valor en origen a los granos que producían, la familia incursionó en el negocio porcino. Con la llegada de Juan Pablo Cerini, se impulsó el desarrollo de una granja de cerdos que comenzó a operar comercialmente en 2014. Ante la frustración de no poder concretar una asociación con un frigorífico bovino local, decidieron arriesgarse y abrir su primera carnicería propia, «La Porca», inaugurada en Semana Santa de 2016.
Esta integración vertical demostró ser un escudo vital durante la pandemia de 2020. Cuando el mercado industrial se desplomó por la caída del canal hotelero y gastronómico, y el precio del cerdo en pie cayó estrepitosamente, la venta directa al consumidor a través de sus carnicerías les permitió absorber la sobreoferta y multiplicar su volumen de ventas exponencialmente. Hoy, la marca cuenta con al menos siete sucursales y ha iniciado proyectos para expandirse hacia Santa Fe.
El valor emocional y el protocolo familiar
En la actualidad, «El Hinojo» es una estructura consolidada que brinda trabajo a 190 personas. Sin embargo, detrás de este enorme despliegue operativo, el verdadero secreto de su éxito a largo plazo fue la elaboración de un «Protocolo Familiar» entre 2008 y 2011, impulsado por un programa del BID. Este documento profesionalizó los vínculos, separó los roles corporativos de las relaciones de parentesco y garantizó reglas claras de cara al ingreso de las futuras generaciones.
Como concluyó su fundador en el cierre de la entrevista, el principal objetivo de todo este andamiaje no es solo el rédito económico, sino preservar una familia unida por valores compartidos y proteger, por encima de todo, «el valor emocional del patrimonio familiar»



