
Grand Emprendimientos – Paraná
Soluciones constructiva para la realización de obras residenciales o comerciales
2025: 6 puntos / 2026: 6 puntos

El año fue “durísimo”. Todos nuestros emprendimientos continuaron, pero resultó muy difícil generar nuevos ingresos y sumar adhesiones a los fideicomisos y consorcios. La relación entre costos de construcción y precios del stock disponible complicó aún más el escenario. Aun así, con mucho trabajo en equipo y una adaptación constante, logramos sostener la actividad y atravesar un contexto donde “hubo que hacer magia” en lo financiero para producir metros cuadrados nuevos.
Frente a las nuevas condiciones del mercado tuvimos que ajustar casi todo: negociamos más fuerte los costos de insumos, mejoramos la eficiencia en la productividad, reforzamos marketing y comercialización y buscamos múltiples alternativas de financiamiento para ampliar las posibilidades de pago de las unidades. En definitiva, tuvimos que inventar cosas, desde herramientas jurídicas y notariales hasta el análisis de instrumentos como la tokenización de activos o las hipotecas divisibles (todavía no las hemos usado, pera ya las estamos estudiando en profundidad). Fue un ejercicio intenso, pero útil para prepararnos para lo que viene.
El resultado electoral me generó sentimientos contradictorios. Por un lado, sorpresa; con cierta lógica cuando se observa la baja participación. Interpreto que el oficialismo obtuvo un buen plafón hacia adelante, lo que podría aportar estabilidad. Y por otro lado, conviven señales preocupantes como cierres de industrias y aumento del desempleo. Más allá de la posición política, entiendo que el empresario debe adaptarse a las reglas del escenario que resulte, buscando creatividad dentro de los márgenes posibles. Entiendo que volver a la liturgia conocida y los símbolos que representan cosas de las que el país decidió salir me parece que está bien. La gente votó por la expectativa, que no estaba en la otra propuesta y así se entiende el resultado electoral.
Sobre el crecimiento del sector, no depende exclusivamente de reformas laborales o impositivas. Depende del financiamiento y del tipo de cambio. En un contexto de importaciones abiertas, los industriales locales quedan en desigualdad competitiva, y lo mismo ocurre en vivienda al competir con propiedades a precios de remate. La demanda habitacional existe —más de tres millones de viviendas necesarias—, pero sin crédito e hipotecas accesibles, el desarrollo no puede expandirse. Transformar arena, piedra, madera en metros cuadrados y un lugar para habitar, que es nuestro sector, requiere financiamiento. Y esas tasas deben estar por debajo de un alquiler. Ahí es donde funcionará nuestra industria claramente, con un buen escenario.
Para el año próximo mantenemos nuestra confianza en el sector. Tenemos dos proyectos en lanzamiento y un tercero en aprobación. Seguimos avanzando con la convicción de que, si se resuelve el acceso al financiamiento, el escenario se puede transformar. Por eso las expectativas para 2026 son ambiguas. La baja de inflación y tasas es un factor positivo, pero la falta de reservas y un tipo de cambio sostenido artificialmente generan fragilidad. Tenemos el “Ying y el Yang”, me quedo con la esperanza de que prevalezca el primero. Para 2026, la previsión también es similar a lo que ocurrió en 2025, con la expectativa de que el trabajo y la adaptación puedan empujar el resultado por encima de ese piso.



