Editorial, "Vírgenes de CUIT"

El tiempo avanza. La pandemia sigue. Lo problemas económicos no tienen solución. La inflación no da tregua. Las medidas son desacertadas. 

Parece que siempre será así. Porque no hubo ni hay cambios. Porque se aplican las mismas recetas. Y los resultados siguen siendo los mismos. Obvio.

Parece que las obviedades no son tan obvias. O las autocríticas no son comunes. O las capacidades de quienes toman las decisiones son cada vez menores. O las exigencias de quienes demandan soluciones también son exiguas.

Y el problema es que las medidas que se están tomando dejan afuera la lógica propia del funcionamiento de cualquier negocio: tiene que haber rentabilidad.

Sin rentabilidad, no tiene sentido ningún emprendimiento. 

El Estado, con la confiscación de recursos a través de los impuestos que está proponiendo, atenta contra el propio sostenimiento del sistema, y eso es autodestruirse.

La única explicación que logro encontrar a estas actitudes se basa en el desconocimiento por años de cómo funciona el sector privado. De tenerlo por enemigo más que como complementario. 

“Necesitamos emprendedores, no empresarios”. Como si un emprendedor no debería aspirar a convertirse en empresario. Como si ser “empresario” es mala palabra.

La “clase política” ha perdido contacto con la realidad. Sus privilegios los han segado. Y sostenerlos, parece ser la única misión que persiguen.

Tal vez, lo que explica la situación actual, es la mínima cantidad de funcionarios ubicados en diferentes espacios de poder que alguna vez pasaron por la actividad privada.

Hoy, quienes nos dirigen, son vírgenes de CUIT. Y eso imposibilita el entendimiento para encontrar verdaderas soluciones. 


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