Una actividad casi ignorada por las políticas públicas
Sector arandanero

De casi no existir hace 20 años a llegar a ser una de las actividades con mayores inversiones privadas, hoy el sector se estabiliza y ordena con grandes oportunidades, pero también importantes amenazas para desarrollarse. La constante, nunca hubo política pública alguna para el arándano.

Hoy Entre Ríos cuenta con unas 975 hectáreas destinadas al cultivo del arándano, ubicadas principalmente en el departamento Concordia. La provincia lidera una de las dos áreas geográficas productivas (el NEA), y alterna con el NOA (con Tucumán a la cabeza) el liderazgo nacional en la producción y exportación de la fruta azul; entre ambas zonas suman el 90% de la producción y envíos argentinos. 

En la temporada 2020, en el país se produjeron unas 18.000 toneladas de arándanos; la mayor parte de la misma tuvo destino de exportación en fresco (11.000 toneladas), y en menor medida (3.500 T), congelada; en esta campaña, el mercado interno absorbió algo más de 3.000 T, marcando un crecimiento que se viene sosteniendo en los últimos años.

Si miramos las exportaciones, el principal destino del producto argentino sigue siendo Estados Unidos, que acapara el 65% de la fruta, mientras que un 25% es destinado al continente europeo y el resto se envía a países asiáticos.  

El mercado interno en Argentina crece por diversos motivos, pero principalmente porque los altos costos internos que demanda la producción, están dejando fuera de competencia a varios productores. Además, los precios internacionales están en baja, especialmente por el volumen de mercadería que cada año vuelca Perú al mercado mundial, que pasó de 105.000 a 140.000 toneladas en la última campaña, y sigue creciendo. 

Otro de los problemas que tuvo el sector para el envío de los arándanos al mundo en la última campaña fue por consecuencia de la pandemia. La reducción en la oferta de aviones de carga, obligó a tener que exportar la fruta a través de barcos. Durante el año pasado, el 60% de las exportaciones se realizaron vía marítima, mientras que en situación normal la misma tan solo alcanzaba al 30% de los envíos. Sin embargo, hay que destacar que el transporte marítimo tiene costos muchos menores que los aéreos, siendo que el primero cuesta US$ 0,50 por kilo y el segundo asciende a US$ 2,50 por kilo.

Además del crecimiento de Perú y la falta de aviones para los envíos, el sector tuvo otro susto importante en 2020. Estados Unidos, principal destino de nuestras exportaciones, estuvo a punto de implementar algunas medidas para proteger a su propia industria. Afortunadamente, se pudo demostrar que los productos argentinos no son perjudiciales para su producción interna, ya que se produce a contra estación, y se evitó el cierre del mercado más decisivo para el sector, que durante el período 2015-2020 constituyó US$ 427 millones de exportaciones argentinas.


Falta de cosecheros y reintegro de IVA

Desde hace décadas, todas las producciones frutícolas reclaman al Estado Nacional un marco regulatorio laboral que se adapte a las actividades zafreras. Es indispensable una medida para las contrataciones temporales que son necesarias en todos los cultivos frutícolas. 

En particular Entre Ríos, el arándano llegó justo para complementar la actividad citrícola. A la falta de una normativa que brinde una verdadera solución, hay nula compatibilidad con el actual Ingreso Familiar de Emergencias (IFE) llevado adelante por el Gobierno Nacional, debido a que, en muchos casos, si los trabajadores son registrados por los pocos meses que dura la cosecha, pierden el beneficio. 

La situación llegó al extremo durante la campaña 2020 cuando solamente trabajaron la mitad de los cosecheros que se necesita cada año. Las condiciones climáticas fueron favorables y permitieron contar con más días de cosecha de lo habitual, lo que fue favorable para levantar toda la fruta de las plantas. 

 A falta de cosecheros se suma el problema cada vez más grave de los reintegros de IVA. Todas las exportaciones son libres de IVA, pero la compra de los insumos para producir no. Con el pasar de cada campaña los saldos favorables a los productores se van acumulando y la devolución del mismo se está haciendo con más de un año de demora. Devaluación mediante, es un altísimo costo que está pagando el productor además de la desfinanciación constante que produce. 

El sector históricamente creció con financiación propia. Las quintas necesitan infraestructura de riego y de protección contra heladas. Sin esos dos insumos básicos, los productores se encuentran demasiado condicionados por las inclemencias del clima. No ha existido en la historia del cultivo en Argentina ninguna línea de crédito con tasas especiales para el desarrollo del arándano. Las políticas públicas que realmente podrían potenciar su crecimiento han estado siempre ausentes. 

En enero de este 2021 fueron derogadas las retenciones que tenía esta economía regional, pero recién podrá ser aprovechada en las próximas campañas, ya que las exportaciones de arándanos cerraron en diciembre de 2020, un mes antes de que entrara en vigencia la reglamentación.


Baja de precios, más productividad

Los precios del mercado del arándano siguen en descenso. Esto requiere mayor productividad tranqueras adentro de las quintas y puede dejar algunos productores fuera de escala. Con menos insumos se deben producir más kilos. 

Pero lo que puede ser una gran amenaza para el sector también es una de las mayores oportunidades. El tener una fruta cada vez más barata atrae a nuevos consumidores. El mercado argentino pasó de no tener idea de lo que era el arándano hace menos de diez años, a que la fruta hoy se pueda conseguir en cualquier comercio de barrio de todo el país. 

El consumo en fresco, como en las diferentes presentaciones en industria, lo están posicionando como una opción más que válida. Si a eso se logra explicar más las principales propiedades que tiene la fruta para la salud (un gran antioxidante, antiinflamatorio y diurético, entre otras), tendrá un mayor crecimiento fronteras adentro en los próximos años.

La fruta azul pareciera haber llegado a una estabilidad productiva en Entre Ríos. Desde hace un par de años se ha mantenido en la cantidad de hectáreas en producción y la cantidad de productores no ha variado considerablemente. 

Es una actividad totalmente complementaria para el citrus, como ya dijimos, y por lo tanto estratégica para seguir desarrollándose en la región. 

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