Señor presidente, ¿qué le pasa?
Opinión

“La memoria no es algo constante. Es un fenómeno humano influenciado por muchos factores. Está abierto a la manipulación por parte de políticos, militares, clérigos y otros grupos, que intentan torcer la memoria para servir a sus intereses” (Yishai Sarid (1965)  autor del libro “El monstruo de la memoria”).

Por Roberto Trevesse, Periodista

Todo lo que ocurre hace tiempo –lamentablemente- es escandaloso en la Argentina. Vivimos en un contexto de caída libre de credibilidad en quienes ocupan los resortes del poder. El Barómetro de la Opinión Pública Argentina (BOPA) que desarrolla Poliarquía para conocer el estado general del humor social registra 3,6 puntos, cayendo 2,3% en el último mes. Se trata del valor más bajo alcanzado por su gestión constitucional. Su imagen en todas las encuestas se cae a pedazos por sus declaraciones ambivalentes; dice y se desdice, está caminando por un sendero demasiado resbaladizo. En su discurso inaugural sostuvo que venía para hacer prenda de paz de todos los argentinos, para terminar con la grieta. Bueno, nada de eso hizo hasta hoy.

Comprendo que afrontar una Pandemia era inimaginable en la Argentina y en el Mundo, pero le tocó y tomó con su equipo de “científicos” decisiones equivocadas. Además, lo grave es que todo el tiempo especuló políticamente.

Son demasiadas las voces críticas de la oposición o de los medios independientes, como también los gobernadores oficialistas que son 20 sobre 24, lo defienden muy tenuemente, sin énfasis, sin poner el cuerpo para apoyarlo.

Un diputado nacional señaló que “es muy difícil creer en la Argentina cuando el presidente es un mentiroso compulsivo”.

Un periodista reconocido, destacó que hay peronistas furiosos con el gobierno, aunque lo disimulan, por la forma que el Presidente resolvió la crisis del vacunatorio VIP… El malestar del peronismo es la forma que echaron a Ginés González García, sin darle siquiera posibilidad de defenderse como el ex ministro había casi rogado para que le concedieran ese derecho.    

Otro colega de alcance nacional, nos recordó que Alberto Fernández en su reciente alocución al Congreso de la Nación expresó que “en las redes sociales, los diarios y la tele nos enredan en debates que no son importantes y nos obligan a desatender lo importante”.

La verdad es que el Presidente se olvida que ya superamos las 50.000 personas fallecidas y que la cifra no es simplemente un número, todo lo contrario. Es una cifra altamente significativa de argentinos que se llevó el Covid 19 en solo un año.

Por otro lado, otro periodista resaltó que la Corte Suprema de Justicia de la Nación (CSJ) no permitirá que se intime a los jueces a jubilarse. La Constitución indica que un juez deja de serlo solo por cuatro razones: renuncia, muerte, jubilación efectiva después de cumplida la edad o destitución por mal desempeño de sus funciones. Esto significa que nadie puede pedirle la renuncia a un juez antes de que este cumpla los 75 años de edad. Este es el límite que fija la Constitución Nacional.

A todo esto, un economista que sabe, nos indica con razón que inflación, escasez de divisas y restricción energética, son historias que se repiten en forma continua y que nos lleva a reconocer que tenemos un país sin Estado, casi sin bienes públicos, pero donde una mayoría imponente de la clase dirigente y de la población cree que el Estado debe y/o puede ocuparse de todo. Lo peor es que sostiene esa creencia a pesar de que ese Estado tiene un tamaño infinanciable.

Vale la pena recordar que, de los últimos 70 años, solo en 13 tuvimos inflación de un dígito y que los precios en el primer bimestre del año subieron más que la inflación anual del 85% de los países que hoy existen (150 de un total de 175).

Mientras tanto The Washington Post en un contundente editorial, manifestó que “la Argentina tiene el problema más serio del mundo. Ningún país podría encontrarse en su camino con una dificultad mayor (…) Las demás naciones (…) ninguna padece el nivel de dilema que tienen los argentinos, el país se angustia por lo que prefiere. No hay drama mayor para una nación que vivir en permanente frustración por lo que no son otra cosa que las consecuencias de sus preferencias, las cuales constituyen una encerrona muy difícil de salir… La Argentina tiene un problema médico, un problema de orden psicológico profundo que le impide resolver la cuestión de fondo. ¿Cuál es ese problema? Bueno, hay que decirlo, esa preferencia no es otra que la pobreza. Lo cierto que lo que culturalmente predomina, es una oposición a la riqueza… La corriente mayoritaria que emerge desde las entrañas más profundas de la cultura nacional, consiste en una resistencia impenetrable contra la riqueza, contra la idea de ser rico. Recordemos que el Papa Francisco declaró el año pasado que “la riqueza es el estiércol del diablo”. Lo que quiso decir es que la riqueza es un pecado… En realidad, la riqueza que los argentinos repugnan es la que se produce como fruto del éxito lícito en la vida laboral legal.

Loris Zanatta, el pensador italiano, nos indica que podemos decir que no basta con tener un programa liberal de gobierno, hay que realizarlo de manera liberal. La política correcta hecha por la persona equivocada, el liberalismo en manos de un movimiento antiliberal, desfigura su imagen, daña su credibilidad, hipoteca su futuro. Qué todos hagan su parte: el progreso no surge de la unanimidad, sino de las diferencias.

La verdad es que el Presidente ha demostrado que no da la talla, hasta parece y es, un gobierno aislado, confundido, peleado y que no tiene diálogo con la oposición.

Su discurso al congreso estuvo ausente de verdades, dividió las aguas y atacó a los periodistas. Da toda la sensación que quien se viste todos los días con el traje de Presidente de la República, es otra persona. Los más sorprendidos son aquellos que lo votaron.

A tal punto que el mismo día y poco después del mensaje del Presidente, El Foro de periodismo argentino (FOPEA) emitió un claro comunicado sobre el discurso. En uno de sus párrafos, rechazó las críticas hacia la prensa, y consideró que además de intimidatorias representan un claro peligro para los periodistas y un retroceso en la construcción democrática. Para luego señalar que “FOPEA recuerda que los periodistas no son los medios ni sus empresas y que la estigmatización del periodismo por parte de las más altas autoridades del país es un mecanismo de limitación de la libertad de expresión y una práctica propia de gobernantes autoritarios. La voz hostil y descalificadora genera un efecto de intimidación sobre la expresión pública y puede tener una repercusión directa en la calle”. También indicó que “uno de los elementos que sirven para medir una cultura democrática es el respeto al periodismo: a mayor descalificación de la tarea periodística, mayores son también las violaciones por parte de un gobierno del funcionamiento de las instituciones republicanas y sus instituciones de control”. Esto no significa que se deba blindar a la prensa de las críticas ni mucho menos. En rigor, FOPEA fomenta la autocrítica y la interpelación constante de los periodistas, pero esas expresiones jamás se deben convertir en agravios y descalificaciones. Además, cuando se las hace desde la cúspide del poder, representan un acto de censura. Este firme documento que recorrió el mundo termina diciendo que “El actual presidente tiene la costumbre de acusar al periodismo de inventar escándalos, orquestar campañas y fomentar denuncias. Esto da la sensación de que tiene un diagnóstico equivocado sobre muchos de los acontecimientos que ocurren, y esta radiografía desacertada agrava esos problemas y persigue también la intención de gobernar alejado de la crítica. FOPEA reitera una vez más que en una democracia, el rol del periodismo es insustituible. La libertad de expresión se fortalece con una mayor tolerancia, nunca con descalificaciones y agravios”.

Es por eso que quien firma esta columna de opinión, considera que Alberto Fernández, perdió la oportunidad de convocar con autenticidad –hace tiempo que la extravió- a la unión nacional. Hizo todo lo contrario, optó por insistir en mantener vigentes las antinomias que dividen a los argentinos.

Un amigo me preguntó ¿por qué es delito tomar deuda externa y no es delito emitir como emitió hasta este presente el gobierno nacional, destruyendo la moneda? Quizás ustedes tengan la respuesta.

Cuesta creer lo que expresa como cuando en su discurso señaló que “Hablo como lo que soy. Un hombre que se ha criado en el mundo del derecho, que enseña a respetar la institucionalidad de la República y la vigencia de los valores democráticos”.  No es verdad.

Hace poco el periodista de investigación, Hugo Alconada Mon, entrevistó en un enriquecedor ida y vuelta de preguntas y respuestas, al director saliente del diario The Washington Post, Marty Baron, leyenda del periodismo norteamericano, quien se retiró después de 45 años de profesión. Una de sus preguntas fue: “¿Cómo puede la prensa llegar a personas que creen en todo tipo de teorías conspirativas, sean a favor o en contra de políticos o sobre la pandemia o el cambio climático o cualquier otro tema? Eso es muy difícil. Creo que es uno de los mayores desafíos que enfrentamos porque, lamentablemente, mucha gente no busca estar informada; busca ser afirmada. Muchos quieren medios de comunicación que afirmen su punto de vista preexistente. Quieren que los medios les digan que lo que ya piensan es exactamente correcto. Eso es diferente de estar informado, de aprender cosas que no sabías, o que la prensa te diga que lo que pensabas que era cierto podría no serlo o cambiar tu forma de pensar sobre las cosas. La información te hará pensar con mayor profundidad. Pero para eso necesitamos una sociedad que quiera estar informada, no una que quiera ser afirmada. Y necesitamos una profesión que considere que su misión es informar a las personas, no afirmarlas. Desafortunadamente, en el sistema actual, existe un mercado para los medios que ven la oportunidad de ganar dinero afirmando los puntos de vista preexistentes de las personas de derecha e izquierda. Y algunas de las cosas que están afirmando son teorías de conspiración salvajes, extrañas y sin fundamento. Ese es un problema real. Pero no solo la prensa debe lidiar con eso. Es la carga de la sociedad en general”.

Ustedes, distinguidos lectores de la revista X-MÁS, no se preguntan a diario ¿qué será de nosotros o de las generaciones más jóvenes?, ¿qué será de Entre Ríos en el mediano y largo plazo? ¿Están seguros que saldremos a flote, así como venimos pedaleando hace años?, o ¿hay que revertir este sistema que nos imponen los políticos de cualquier partido? ¿No llegó la hora de reformar la Constitución nacional y reemplazar el presidencialismo por un gobierno parlamentario y estrictamente federal? Como también descentralizar de una vez por todas y para siempre el poder central, en al menos tres provincias argentinas. Sí, tenemos que hacer una división de poderes territorial; como también aprobar una ley que obligue a la provincia de Buenos Aires a dividirse en 3 o 4 o 5 provincias. ¿Por qué tenemos que ir a pedir dinero al gobierno nacional? ¿Cuándo vamos a tener una ley de coparticipación federal de impuestos en forma automática, sin injerencia del poder ejecutivo argentino? Ya sé que son muchos interrogantes, que por conveniencias varias no tienen una respuesta inmediata y porque el individualismo prima en los argentinos. Nadie está exento. 

Lo cierto es que dejé de creer… ¿y Usted?

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