¿Quién tiene el poder?
Opinión

Si continúa el mito de que el peronismo es el único partido capaz de gobernar, no tenemos alternancia y mucho menos futuro como país. Y eso no es bueno ni siquiera para el propio partido que se supone con capacidad de gobernar. Muchísimos peronistas que están sufriendo hoy, son los que no están de acuerdo con Cristina Fernández y con La Cámpora. Creen que el gobierno actual tendría otro comportamiento si existiera un fuerte contrapeso que podría darse este 14 de noviembre. 

Por Roberto Trevesse . Licenciado en Periodismo y Comunicación

Carlos Melconían expresó por televisión hace unos días que “tengamos inflación no es una novedad. Lamentablemente, cargamos con un prontuario de ochenta años de alta inflación. Los 90 y algunos pocos años de los 2000 fueron solo una pausa. Entre 2007 y 2017, la tuvimos flotando en 25% anual con picos de 40%. Y desde 2018 llevamos cuatro años boyando en 50%: apenas en cuatro meses de cuarenta y ocho abajo del 2% mensual (tres en medio de la cuarentena de 2020) y ninguno debajo de 1%. Es una inflación arraigada, cada vez más reacia a ceder”.  

Por eso, la única forma de resolver el tema de la pobreza es a través del trabajo, atento a que el presupuesto que destina el Estado para llevar adelante la tan declamada obra pública que tanto necesitamos para encontrar un destino de desarrollo sustentable y de progreso, tanto las provincias como el país en su conjunto es muy bajo. Ahora uno se pregunta ¿qué tipo de trabajo se puede generar para millones de argentinos en el corto y mediano plazo para poder cada persona sustentarse asimismo? 

¿Por qué no se hizo? En realidad, casi todos se hacen los distraídos a un plan que se puso en marcha para erosionar la capacidad adquisitiva. No fue una casualidad, sino una decisión en términos económicos para inducir una recesión -o sea enfriar la economía-, atento que existe quienes sostienen que el gran freno del consumo es el salario real. 

Lo cierto es que se erosionó el salario real, no se redujo la inflación, no se quitó presión al tipo de cambio, no se generó trabajo, sino que se destruyó y provocó la desaparición brutal de Pymes, no se generó credibilidad en los mercados y no se cerró con el FMI. 

Otra cuestión grave es que tenemos un Estado totalmente descoordinado y enfrentado entre sí, como si a nadie le importara nada de lo que ocurre en el país. 

Si seguimos así, cada vez más serán importantes en cantidad de miembros y en capacidad de movilizarse los movimientos sociales organizados que los sindicatos confederados. 

Es constante el poco aprecio de los gobiernos nacional y provinciales por cumplir los compromisos de cada campaña electoral. Por supuesto que no nos sorprende y a gran parte de la sociedad tampoco. 

En diciembre venidero el actual gobierno constitucional cumplirá dos años de una gestión olvidable, más allá de la Pandemia, y muestra una ausencia de poder político muy grave. Es casi imposible revertir esta situación que mantiene en vilo a millones de argentinos, cuando está tan claro que hay un desgobierno que ya no se disimula y muestra que cada parte tiene su porción de decisión o indecisión en lo que hay que hacer o no hacer. 

Lo notable es que el Presidente sigue adelante como si todo estaría bien y es condescendiente con todos los sectores del Frente de Todos que lo rodean, pero en realidad no sabe qué hacer, porque hoy no gobierna y públicamente se quedó sin apoyo político propio y de gran parte de la ciudadanía.  

Hace tiempo que creemos que debería dar un paso al costado y –quizás- esto podría pasar en diciembre venidero, ya que un barco no debe navegar a la deriva tanto tiempo sin su capitán, sobre todo cuando esa embarcación se llama Argentina.  

El resultado es muy negativo. Se fracasó en la lucha contra la inflación, no se reactivó la economía, no se crearon puestos de trabajo y no se redujo la pobreza, con el agravante de cómo se organizó la logística de la lucha contra la Pandemia. También aquí hubo demagogia y corrupción.  

¿Cómo salimos de este atolladero? Uno de los problemas graves es la deuda, otro es la economía doméstica, un tercero es la máquina de emitir dinero que no se detiene y ni hablar de los preocupantes índices de educación y cultura de nuestro pueblo argentino en todos sus estratos sociales. La falta de respeto a la Ley y a las normas de convivencia social son hechos de todos los días. 

Millones de argentinos vivimos desorientados ante tanto desorden que se supone nadie quiere ver o se hacen los distraídos. La ignorancia de un pueblo tiene un límite y es cuando uno se queda sin trabajo, no tiene para comer y mucho menos para pagar el alquiler. 

Para dominar a un pueblo, la herramienta principal es empobrecerlo e igualarlo hacia abajo, tanto en el plano económico como educativo. Es por ello que no debemos permitir ser sojuzgados, como tampoco que adoctrinen a nuestros hijos y/o nietos de la forma que lo hacen en numerosas escuelas. 

Los argentinos –al menos creo- todavía estamos a tiempo, más allá de cualquier bandería política y social, de llegar a un entendimiento de cómo salir de este atolladero y luego presentar y aprobar en un renovado Congreso Nacional, después del 10 de diciembre venidero, un plan económico que nos contemple a todos y nos permita dejar de vivir con esta angustia permanente, provocada de una manera indignante.  

Este entendimiento no se ha logrado hasta el día de hoy, porque no lo han permitido gobernantes, grupos poderosos, ideologías contrarias, imponiendo trabas forzadas. El conflicto eterno entre poderes y libertades. 

Debemos resaltar que cuando las reglas son desiguales para todos, provocan inestabilidades, como también ocasionan ingresos desiguales. Cuando las grandes distorsiones se aplican a los diferentes sectores económicos y sociales, estamos provocando un caldo de cultivo que nos lleva inexorablemente al fracaso. 

Mientras tanto, cabe destacar que bajo el título “Somos gente de trabajo” se reunieron más de 350 entidades empresarias de las provincias de Córdoba, Entre Ríos, Mendoza y San Juan, quienes emitieron un documento señalando que “nos hemos unido para volver a darle al sector privado el lugar que se merece. Trabajo, inversión y producción son las únicas oportunidades genuinas para devolver bienestar a los argentinos”.  

Para luego agregar que “Las entidades empresarias que representan los sectores productivos de nuestras provincias venimos trabajando para aunar criterios, compartir experiencias y necesidades y trazar un plan de acción que devuelva la dignidad a los emprendedores, empresarios y trabajadores del sector privado. Estamos convencidos de que sin un sector privado fuerte y libre no habrá salida para la crítica situación en la que se encuentra la Argentina”. 

También se destaca que “somos un movimiento, una enorme e incansable red de empresas y productores, de todos los tamaños y sectores, que sentimos un fuerte compromiso con la generación de empleo y la participación activa en el desarrollo económico y social de nuestras provincias y del país”. 

Finaliza la postura de los empresarios marcando que “Tenemos en común los valores del esfuerzo (…) la importancia del respeto de las libertades e instituciones consagradas por nuestra Constitución. Nos urge, tanto como a cada uno de los argentinos, que los problemas estructurales -y no únicamente los urgentes o electorales- comiencen a encontrar cauces y lograr soluciones concretas y sostenibles”. 

Por todo ello, la síntesis de lo que proponen es “Promover el rol de la actividad privada, Defensa de la institucionalidad, eficiencia del gasto público, empleo genuino y educación, sustentabilidad e integración inteligente al mundo”. 

Lo que debe quedarle claro al actual gobierno constitucional es que estresar a cada momento el colectivo social, cualquiera sea su situación económica, con decisiones volátiles y especulativas, impactan fuertemente sobre el bolsillo y la salud de la gente. Por lo tanto, hacerlo es erróneo e inmoral. 

Me despido hasta el próximo número de X-MÁS con una frase del estadounidense Steven Wright, quien dijo “Tener la conciencia limpia, es síntoma de mala memoria”.

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