“Optimistudos”

Laurentino López Candioti, presidente de La Rosalía.

La Rosalía es una empresa agropecuaria con el único tambo del país habilitado para exportar a la UE y certificaciones de Bienestar Animal.

El año fue pésimo, porque los años inflacionarios a nosotros nos destrozan. La leche nunca corre ni cerca de la inflación y este año, además, se nos inflacionaron en dólares los insumos, más la inflación en pesos. Igual, finalizamos cosas muy positivas tranqueras adentro. Logramos la tokenización de la leche, a través de un sistema de caudalímetros y análisis instantáneo atado a un código QR. Esto es garantía absoluta de lo que hacemos y todo queda en el QR: nuestras certificaciones (Bienestar Animal y la certificación de UE) y la trazabilidad punto a punto. Con este sistema, si una empresa necesita certificar la trazabilidad, nosotros se la damos punto a punto y con frio on board en la fábrica con camiones propios, o sea, la trazabilidad completa. Igual, esto no podemos monetizarlo hoy. Quienes exportan dulce de leche lo hacen a un dólar de $160. Por eso, hoy es más barato el dulce de leche en España que en cualquier supermercado de Argentina. A la empresa que sigue haciendo esa exportación primero le liquidan a dólar oficial. Después, hecha la transacción, te retienen la plata 90 días (tres meses a 8 puntos de inflación mensual), tenés que correr con 24% de pérdida más, hasta que te den la plata... es inviable. Se sigue exportando solo para mantener mercados... la palabra es que somos OPTIMISTUDOS: mitad optimistas, mitad pelotudos. Por eso uno está en este rubro. Porque siempre quiere ver que el próximo año esto va a cambiar... que el mercado se abrir... y uno termina siendo un OPTIMISTUDO crónico.

Las inversiones que hicimos fueron hasta mitad de año. Después frenamos absolutamente todo. Fue un recambio de maquinaria: tanto un tractor Pauny de 180 caballos como una cargadora nueva. Demoraron desde el pago casi 6 meses hasta que nos llegaron los equipos. Lo mismo pasó con el sistema de alimentación por vaca: hoy cada vaca tiene su ración de acuerdo a su litraje o score de litros. Así, el racionador dejó de ser igual para todas y el nuevo equipo te detecta qué vaca es y raciona su alimento especialmente para esa vaca, de acuerdo a si da más de 20 litros, está en la tercera lactancia o en período de secado, y así regula la cantidad de la comida.

Todo esto demuestra que, a pesar de ser un año pésimo, sigue pasando lo de siempre: hay que correr la eficiencia. Porque vos estás suplantando toda la plata extra que te van robando año a año, con más eficiencia. Lo que pasa es que llega un límite donde la eficiencia ya no es tan mejorable y cada cosa que agregas no te suma mucho más, porque los saltos grandes ya los has dado. Es la curva de los incrementos decrecientes. La porción que te va quitando el sistema de producción argentino (gobierno, proveedores, insumos atados a un valor “soja” internacionales que no tienen por qué estar atados a ese indicador, o te cobran tasas por cualquier cosa, etcétera, etcétera). Así es el sistema argentino: hace que tengas que correr con la eficiencia, no para ganar más plata, sino para tratar de no fundirte o, aunque sea mantener tu línea de flotación.

Teníamos un proyecto de crecer y está frenado. Hemos mantenido nuestro personal, no despedimos. Nuestra empresa familiar tiene conceptos muy sólidos y creemos en el desarrollo de las personas y valor de una comunidad. Lo vemos como un activo demasiado valioso como para que sea un intercambio de capital. Tampoco tenemos rotación de personal. El problema que vamos teniendo es el envejecimiento del personal, con un rango de edad que está por sobre los 48 años, donde la tecnología que estamos incorporando empieza a ser un problema para ellos. Por eso, este año estamos interactuando mucho más fuerte con la escuela rural de Villa Urquiza y con Las Delicias. El intercambio consiste en que ellos traen los chicos a nuestro tambo, le mostramos la tecnología y después les damos charlas para mostrarles nuestro trabajo. Esto no es solo para “cosechar” personal, sino porque verdaderamente se necesita que los empleados rurales sean cada vez más técnicos. El campo cada vez se parece más a una industria. Manejar la tecnología que hoy se está aplicando demanda como mínimo saber programar un PLC. El trabajador rural que se necesita hoy está muy lejos del que había hace 10 o 15 años atrás.

Las ganas emprendedoras son nulas. Estamos encarando un 2023 con inflación del 100% y con todo el desmanejo que sucede en los años electorales. Porque si los gobernantes hoy están continuamente barriendo la mugre bajo la alfombra, en los años electorales meten hasta los muebles debajo de la alfombra. Son años para sobrevivir y esperar. En este contexto político, con las áreas económicas y sociales como se están manejando, será un año de sobrevivencia para esperar un nuevo horizonte.

Las principales preocupaciones van por la inflación y por la posibilidad de que suceda algún enfrentamiento social. Se ve al Gobierno acorralado y no se saben cómo van a salir. Ya lo vimos con el autogolpe en Perú.

El 2023 será un peor año, con un desfasaje de dólares inexplicables donde la demanda del BCRA hará subir varios de nuestros insumos y hará inviable nuestro trabajo. Lo que ya pasó con el dólar soja que nos destruyó el negocio junto a la sequía. Ese desmanejo de dólares hizo que todos los subproductos derivados de la soja más los subproductos proteicos (que están en el mismo market de la soja) subieron desproporcionalmente para nosotros, que no tenemos capacidad de defendernos con el precio de la leche. El problema no es que estén caros los subproductos, sino que está barato el precio de la leche que nos están pagando.

Nuestra expectativa es aguantar y sobrevivir. Buscar la liquidez. Si bien tenemos una deuda, es todo a corto plazo, a 45-60 días. Al no haber una posibilidad de tasa coherente de refinanciación, lo vemos complicado. Hoy estamos achicando nuestra unidad productiva para operar con las cosas que somos más eficientes y dejar las otras de lado. Hemos liquidado más vacas de las habituales, achicamos el rodeo quedándonos con el grupo de mayor eficiencia para bajar nuestros costos al límite. Sabemos que esto tiene un costo productivo. Pero es una sumatoria de cosas. No siempre conviene sacar mucha más leche, sino cuánta plata te queda libre por litro... si es que la hay, y en este caso no la hay.

Analfabetismo, incultura e ignorancia, nuestro principal enemigo