No fue la política, fueron los copos de azúcar los que organizaron el atentado
Opinión

“Libres son quienes crean, no copian; y libres son quienes piensan, no obedecen. Enseñar, es enseñar a dudar”.

Eduardo Galeano (1940-2015)


Por Roberto Trevesse 
Licenciado en Periodismo y Comunicación

Durante tres días consecutivos, los copos de nieve rondaron por el lugar entre los manifestantes que de viva voz apoyaban a su líder contra el pedido de condena solicitada por el fiscal Diego Luciani. Nadie reparó en ellos. Tampoco los custodios.

Está claro, aunque no lo reconozcan que quienes atentaron contra la vida de la Vicepresidenta de la República, Cristina Fernández no fueron ninguno de los sectores de la clase política, pero que algunos integrantes del kirchnerismo y del Gobierno Nacional están buscando un culpable que no sea marginal, no caben dudas.

Un sin fin de manifestaciones, tanto de dirigentes políticos como de comunicadores, de sindicalistas radicalizados y de organismos estatales, intentaron durante varios días responsabilizar a la prensa hegemónica y a las redes sociales por la violencia enquistada a partir del intento de magnicidio a la Presidenta del Senado. Esto en nada contribuye a la convivencia democrática y a la paz social de los argentinos, deteriorada en aumento desde hace muchísimos años.

Voceros del gobierno nacional anunciaron la elaboración de un proyecto de ley para no permitir discursos de odio. Esto provoca la estigmatización de periodistas y de medios, potenciando la intolerancia y anula la posibilidad de diálogo. Se dijeron demasiados brulotes y frases disparatadas, provocando comparaciones desafortunadas y agresiones temerarias contra el periodismo. Por caso se conoció una imagen de la Agencia Oficial de noticias TÉLAM, totalmente repudiable, ya que se comparó un micrófono con un arma de fuego.

No se necesita ser del FBI de los Estados Unidos o de la Sureté (la ex policía nacional de Francia) o de Scotland Yard, que es el servicio de policía de Londres, para interpretar que los protagonistas del frustrado intento fueron marginales que no están en sus cabales y/o pretendieron tener 20 o 30 minutos de fama a nivel nacional y global. 

Sí, hay que señalar que todas las imágenes que se difundieron día y noche en todos los canales nacionales de televisión son elocuentes de que falló la numerosa custodia permanente que tiene la expresidenta desde cuando ocupó la máxima investidura hasta nuestros días. A tal punto que 72 horas después se conoció la separación preventiva de 5 de sus miembros de seguridad y trasladados a realizar tareas a 5 instituciones nacionales diferentes, porque no cumplieron con ni uno solo de los protocolos que exige la función. 

El atentado frustrado contra Cristina Kirchner provocó un sin número de torpezas que ayudan a comprender por qué la Argentina anda a los tumbos. La primera, el decreto de Alberto Fernández que dispuso un "feriado nacional con movilización" –un paro convocado por el gobierno– que demuestra haber medido la gravedad de lo ocurrido, pero con cuestiones ajenas a la institucionalidad y demasiado cercano a las urgencias políticas.

El foco de esa medida de fuerza estuvo puesto en "el discurso del odio", un recurso que busca dividir a la sociedad en buenos y malos. ¿Quiénes son los malos? Muy simple: El gobierno intentó convencer de urgencia que los malos son los jueces no adictos al oficialismo, el periodismo independiente y la oposición. 

Los argentinos, o su gran mayoría, estamos en una encrucijada de la cual nos cuesta salir.  Quizás por miedo a la represalia, porque creemos que es una tarea que deben hacer nuestros representantes que elegimos en las urnas, cualquiera sea su color político; o porque no nos damos cuenta que hemos perdido el concepto de ciudadanía.

Cabe explicar que la condición de ciudadanía les otorga a las personas derechos políticos y sociales; les aporta un estatus de pertenencia y participación en un Estado de derecho; pero el concepto de ciudadano, sin embargo, se fue enriqueciendo con el tiempo y se refiere también a aquel que se involucra con la comunidad en el ámbito social, económico o político, cumple sus obligaciones, asume responsabilidades y respeta los derechos ajenos. Y en esto hay que trabajar y mucho en todas las escuelas y colegios del país.

Es esencial que tengamos una gran capacidad de discernimiento para utilizar nuestros derechos y obligaciones con total libertad, sin temores, sin agravios, sin bajezas, en la búsqueda de una Argentina republicana, sólidamente federal y representativa para poder lograr todos, saber considerar al otro que piensa distinto, un adversario y no un enemigo.

Si uno observa la actualidad, se encuentra con imágenes contrapuestas. Por caso, a nivel nacional, tanto al oficialismo como a la oposición les cuesta obtener la mitad más uno de los legisladores para iniciar la sesión en la cámara de Diputados. Máxime, cuando en el tratamiento de un proyecto de Ley, un sector quiere que se apruebe y el otro no.

En el Senado es distinto, porque desde el inicio de la recuperación de la democracia, primero el peronismo y luego el kirchnerismo tienen el control de la mayoría. Vale recordar para los que no saben o no les interesa que tanto Raúl Alfonsín, Fernando de la Rúa y Mauricio Macri para aprobar leyes tuvieron que negociar con el peronismo/kirchnerismo, cuyos proyectos enviaba el Poder Ejecutivo.
En paralelo, un Poder Judicial que lentamente, un número de magistrados no fácil de cuantificar, está llevando adelante causas muy graves, en las que están involucrados funcionarios, políticos, sindicalistas y empresarios, hasta las últimas consecuencias, rechazando el apriete y/o la amenaza que provienen de sectores oscuros del Poder. 

De todos modos y más allá de una anarquía colectiva, tenemos un Presidente que no gobierna y solo está dedicado a presidir actos protocolares y ceremonias de entrega de Tablet a escolares o subsidios a distintas instituciones o recibir delegaciones de la diplomacia extranjera. 

Asimismo, un ministro de Economía que parece por la forma en que se desenvuelve en el país y en el exterior que es un primer ministro, tratando de enderezar el barco para que no se vaya al fondo del mar y postularse como candidato a Presidente en el 2023.

Luego, viene “la Jefa”, la líder de un movimiento llamado La Cámpora, agrupación integrada por miles y miles de jóvenes de todo el país que le rinden lealtad absoluta y que Juan Domingo Perón, llamaba, en su tiempo, “la juventud maravillosa”. Cristina Kirchner, hay que reconocerlo con todas las letras, es la mujer más inteligente que nos ha dado la política argentina. Siempre está un paso adelante de todos los políticos de la oposición, cualquiera sea su ideología. Muchos la admiran sin decirlo en público y otros tantos le temen. Ella en sí misma, su figura, ocupa la centralidad de lo que hay que hacer o no hay que hacer en nuestro país. Se siente por encima de nosotros, los 47 millones de argentinos.

Ella no quiere ser condenada por la Justicia y aunque así lo fuera, no irá presa. El 19 de febrero del año que viene cumplirá 70 años. Si le dan los números se presentará como candidata a senadora o a diputada nacional, lo que le dará fueros parlamentarios por 6 o 4 años respectivamente.

Párrafo aparte para los gobernadores. Estos casi 39 años de democracia fue generando una debilidad en lo que nunca fue una Liga de Gobernadores que defendiera codo a codo, más allá del color político, los intereses y aspiraciones de cada Provincia. Nunca se plantaron en forma conjunta ante un presidente de turno, por caso, en una nueva Ley de coparticipación federal más justa; en dividir la provincia de Buenos Aires en tres partes, en descentralizar el conurbano; en federalizar las rutas aéreas en nuestro país; en reimplantar las líneas férreas con trenes de alta velocidad; en recuperar los puertos de aguas profundas; en resolver el comercio de la pesca en la plataforma continental en el sur argentino; y en combatir, en serio, el narcotráfico, por dar algunos ejemplos.

Por otro lado, “El otoño del Patriarca” es, según quienes la leyeron, una de las mejores novelas de Gabriel García Márquez, pero permítanme hacer foco en el título del libro, en su significado, porque hay gobernadores que llevan más de 16 o 20 años o más en el poder; senadores y diputados con 12 o más años en sus bancas; intendentes con más de 16 o 20 años en sus cargos; como también secretarios generales de los sindicatos nacionales o regionales con 20 o 30 o 40 años como secretarios generales. No se dan cuenta que renovarse es vivir, no se dan cuentan que les va a llegar –aunque hayan realizado buenas gestiones- el otoño político. Nadie es imprescindible, aunque muchos crean que sí. ¿Lo hacen por vocación o solo por ganar muy buen dinero?

Desde la tarde del 2 de julio pasado en que la Vicepresidenta logró sacar del ministerio de Economía a Martín Guzmán, el presidente Alberto Fernández, lo que queda del peronismo y gran parte del país están pendientes de lo que quiere hacer o no, Cristina. Pareciera que lo que importa, es lo que le importa a ella. Sostienen que para que haya paz social hay que parar el juicio por Vialidad, pero también hay que gobernar 15 meses. ¿Quién se hace cargo?

Mientras tanto, Juntos por el Cambio, navega por mares y ríos bravíos sin un timón elegido por todos sus integrantes y muchos de sus miembros buscan reelegirse para un nuevo período de gobierno, llámese 2023-2027. De acuerdo a lo que uno puede observar, varios quieren los mejores lugares, casi ninguno desea bajar sus aspiraciones para que el cargo lo ocupe otro. También están los que quieren volver, inclusive un expresidente, aunque lo niegue.

Mientras tanto, la pobreza no baja, la deserción escolar no logra frenarse, la vulnerabilidad social sigue creciendo, la desocupación es alta, las tarifas y los servicios aumentaron por encima de la inflación que no se detiene, los sueldos se siguen subiendo en cuotas y cada uno hace lo que puede. Es muy lamentable.
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