Las cosas en su lugar
Gobierno Abierto

“– ¿Qué sucedió con los gobiernos?” 

-“Según la tradición fueron cayendo gradualmente en desuso. Llamaban a elecciones, declaraban guerras, imponían tarifas, confiscaban fortunas, ordenaban arrestos y pretendían imponer la censura y nadie en el planeta los acataba. La prensa dejó de publicar sus colaboraciones y sus efigies. Los políticos tuvieron que buscar oficios honestos; algunos fueron buenos cómicos o buenos curanderos. La realidad sin duda habrá sido más compleja que este resumen”. 

(Fragmento del cuento “Utopía de un hombre que está cansado”, de Jorge Luis Borges).

Por Martin Oleinizak

“¿Qué sucedió con los gobiernos?”

Tenemos la sensación (y hasta la íntima convicción), de que estamos en un punto de inflexión. 

Los cambios profundos que se están dando en la sociedad -acentuados por la situación de pandemia que lleva ya 18 meses en el mundo- se han acelerado.

La crisis argentina es bastante más prolongada todavía. Tal vez de décadas. ¿O más? Y la pandemia no hizo más que dejar ver lo que estaba asomando, a muy pocos centímetros de la superficie.

Sistemas de salud totalmente obsoletos; falta de previsibilidad; incapacidad para tomar decisiones; desconocimiento supino de los verdaderos problemas; crisis de representatividad; y lo que es peor, una ausencia total de liderazgo. 

Se lidera con el ejemplo. Y quienes nos gobiernan (o debería decir la casta política, en general), nos han demostrado con creces que no están dispuestos a ceder ni un solo centímetro de los privilegios que se autodeterminaron. 

Lo cierto es que estamos en un momento donde la tradicional crisis económica en que se ha acostumbrado a vivir la Argentina está siendo acompañada por un divorcio sin retorno entre la realidad y quienes nos gobiernan. 

La clase política se adueñó del Estado de diversas maneras. Lo manifiestan día a día sin ningún tipo de reparos. Quienes ingresan a las huestes de la política difícilmente vuelven a salir. Pueden moverlos las mejores intenciones en sus comienzos, pero una vez adentro, el sistema se encarga de adoctrinar y homogeneizar todos los pensamientos y acciones en post de conservar el statu quo vigente. 

De esa manera, la política y los gobiernos se han ido convirtiendo en un espacio vacío. Lleno de espejitos de colores, donde la abundancia de fotos sumadas a discursos carentes de contenidos, intentan describir una realidad inexistente.

“Llamaban a elecciones, declaraban guerras, imponían tarifas, confiscaban fortunas, ordenaban arrestos y pretendían imponer la censura y nadie en el planeta los acataba”.


Devolver el poder a los ciudadanos

Existen varias formas de describir lo que es un Gobierno Abierto, pero todas tienen en común la exposición de dos ejes fundamentales:

  • Primero, el Gobierno Abierto busca llevar adelante una cultura transparente que facilite el acceso a la información pública, promueva espacios para fortalecer la rendición de cuentas y la integridad estatal.

  • Segundo, se centra en proveer e incentivar la participación ciudadana en los asuntos públicos, promoviendo un sistema donde aumente la responsabilidad colectiva de las personas y exista un aumento en el compromiso de la sociedad para con su país. 

En un trabajo realizado por Alejandra Naser, Verona Fideleff y Joaquín Tognoli, del Instituto Latinoamericano y del Caribe de Planificación Económica y Social (ILPES) de la CEPAL, en el marco de las actividades del proyecto de la CEPAL con BMZ/GIZ denominado “Sendas de desarrollo para países de ingreso medio en América Latina y el Caribe en el marco de la Agenda 2030 de desarrollo sostenible”, los autores describen al concepto de Gobierno Abierto como “Un cambio de paradigma de gestión pública que atraviesa a las instituciones de todos los poderes del Estado, en tanto que el mismo sostiene que la relación con la ciudadanía debe ser el centro del accionar de la toma de decisiones del quehacer público”.

De esta manera, el Gobierno Abierto se basa en tres pilares básicos: la transparencia, la participación ciudadana y la rendición de cuentas. A esos ejes, se podría sumar la innovación y tecnología como herramienta fundamental, ya que puede ser relevante para lograr cumplir con el concepto.

Al hablar sobre transparencia, el enfoque es en el deber de tener la información sobre las decisiones y el quehacer gubernamental en formatos completos, abiertos al público, gratuitos y con un fácil acceso para todos los ciudadanos.

La participación ciudadana hace referencia al interés y a la debida involucración por parte de la comunidad en el debate público, contribuyendo así a un gobierno más responsable que atienda realmente las necesidades de la sociedad y así obtener mandatos más efectivos. Es responsabilidad de las autoridades proveer los canales adecuados y pertinentes para llevar adelante dicha contribución.

En lo que respecta a rendición de cuentas, es la suposición de las normativas y procedimientos para que todos los trabajadores del sector público justifiquen sus acciones o respondan a las críticas elevadas por la sociedad. Es una forma de que los empleados del estado se hagan cargo de sus actos u omisiones y den respuestas a la sociedad, que de manera indirecta es quien les paga el sueldo, por ende, su empleador. 

Y a esos tres ejes, es necesario agregar la innovación y tecnología, pilar que se convierte en fundamental del Gobierno Abierto, debido a que es de suma importancia que la autoridad máxima de un país, provincia o ciudad permita a los ciudadanos un acceso pleno a la tecnología, dado a que a través de la misma se ha logrado multiplicar las instancias y los mecanismos por lo que pueden darse las interacciones necesarias para llevar adelante un Gobierno Abierto eficiente.


Eficiencia, sinónimo de Gobierno Abierto

Una gestión pública efectiva es aquella que lleva adelante una eficiente administración de recursos del Estado. Es decir, satisfaciendo las necesidades de los ciudadanos y promoviendo el crecimiento del país. Y si a la misma se le aplican las metodologías y los principios que caracterizan un Gobierno Abierto, se obtendrá un Estado que pone al alcance de sus ciudadanos toda la información de manera transparente y de libre acceso, así como el incentivo a la participación ciudadana que colabore en la visión y solución de problemas que realmente inquieta a la comunidad.

Este cambio en la forma de gobernar no es para nada sencillo de lograr porque va más allá de abrir canales de comunicación recíprocos entre gobierno y ciudadano.

Para llevarlo adelante se necesita una gran voluntad de todas las partes, principalmente de los trabajadores públicos. Sin su esfuerzo y sinceridad, toda labor será en vano, dada la falta de transparencia y reglas claras. 

Se necesita que, desde el puesto público más alto hasta el más bajo, tengan intenciones de ejercer de forma franca. Para eso tienen que dejar de lado varios –por no decir todos- de los privilegios que se obtienen una vez que se entra a trabajar al ámbito público. 

El principal problema son los atributos que se han tomado a través de los años los funcionarios públicos con la plata aportada por los ciudadanos. Solo el ejercicio correcto de Gobiernos Abiertos podrá resolver esta particularidad. Del mismo modo del lado de la ciudadanía, para que la metodología funcione, necesita que los vecinos tengan disposición e interés en participar y ejercer los roles que le corresponde.

El concepto es clarísimo. No existe una posibilidad de tener éxito en el planteo de un Gobierno Abierto, sin ciudadanos responsables y comprometidos. 

Para transformar los gobiernos como actualmente los conocemos a Gobiernos Abiertos, se necesitan diversos cambios fundamentales que tenemos que dar cada uno desde sus lugares:

  • Cambios en la cultura: la Administración Pública debe entender que su fin último es servir a los ciudadanos y todas sus acciones deben basarse en ese objetivo. Este nuevo pensamiento es contradictorio a las actitudes y las formas de hacer las cosas que tienen hoy en día los trabajadores públicos, por eso es un cambio profundo y revolucionario. 

  • Cambios en los procesos: hoy en día los procesos que se realizan en la administración pública no son útiles para los ciudadanos, ya sea porque no son claros o no tienen la suficiente tecnología como para ser compartidos de forma masiva, por lo cual no permitiría la comunicación recíproca y la transparencia que se busca al instaurar un Gobierno Abierto. 

  • Cambios en la organización: el orden jerárquico que se utiliza en el modelo buscado es de red, orientado a proyectos y a resultados. El actual modelo de gobierno tiene un orden jerárquico poco eficiente, con mucha burocracia y puestos de trabajos que no son necesarios o pertinentes. 

  • Y, por último, cambios en la forma de relacionarse: la misma debe ser más directa y amena, basarse en el principio de que somos todos iguales y todos debemos ser escuchados. Hay que dejar de lado el mostrador y pasar a usar con más frecuencia las mesas redondas. 


“La prensa dejó de publicar sus colaboraciones y sus efigies”.

El rol de los medios de comunicación también es fundamental. Y la autocrítica se impone.

La instauración del absurdo concepto de “periodismo militante” que comenzó con este siglo, ha tergiversado por completo el rol de la profesión en la sociedad. A partir de ese pseudo “periodismo militante” hemos pasado a estar “a favor de” o “en contra de”, omitiendo la capacidad de análisis y crítica, que puede ir de un lugar a otro, de acuerdo a las creencias y actos que se estén analizando. 

Los medios de comunicación siempre han sido un negocio, como cualquier otro. Pero la conciencia de quienes ejercían el periodismo no estaba incluida como mercadería de intercambio. Eso cambió. 

Y se nota mucho más en espacios más reducidos, como provincias o ciudades. La pérdida o ausencia de verdaderas empresas de medios, han dado lugar al avance de la política y los gobiernos en estos ámbitos. Los Poderes del Estado se adueñaron del poder de la comunicación, quitándoselo a los ciudadanos y utilizándolos en su favor. Los hechos lo demuestran. 

Antonio Tardelli, destacado periodista político de la ciudad de Paraná, dijo días atrás en su programa de radio “En el Dos Mil también” -en tono de broma, pero no tanto- que “la principal redacción de la provincia de Entre Ríos estaba de mudanza”. Después de repetir varias veces la frase, explicó al final del programa, que se refería a la redacción de la Dirección de Comunicaciones del Gobierno de Entre Ríos. Y si nos ponemos a pensar, todo lo que se escribe en ese ámbito, es lo que marca la agenda de la gran mayoría de los medios de la provincia de Entre Ríos, ya sean escritos, radiales, televisivos o digitales. Esos textos son la fuente de alimentación del constante “copy-paste” que llenan los espacios día a día. 

El “copy-paste” se ha vuelto en la única fuente de información. No hay análisis ni crítica de lo que se copia y pega. Lo que se publica en esos textos es verdad por sí misma. Y no hay forma de ser confrontada, ni siquiera con la propia realidad, que la mayoría de las veces, es totalmente diferente.

Otro claro ejemplo es lo que sucedió en la última semana del mes de junio. Mientas se conocía el cierre de una histórica radio AM de la ciudad de Villaguay y otra de La Paz, la Cámara de Diputados de Entre Ríos anunciaba el inicio de la transmisión de una nueva radio. La propia. Con esta, ya suman cinco las radios estatales disponibles en la capital de la Provincia, que se financian con los impuestos de todos, pero que reafirman las verdades de pocos. 

Los medios de comunicación privados van desapareciendo, por incapacidades propias o por falta de recursos. La pauta publicitaria disponible (única forma de sostenimiento de cualquier medio de comunicación) parece ser exclusivamente la estatal. Y esto implica, en la mayoría de los casos, el sometimiento de la línea editorial. No se compran espacios publicitarios. Se compra el producto periodístico, la información. 

Esto deberemos cambiar los medios de comunicación, y el periodismo en particular, si también queremos ser parte de un Gobierno Abierto. 


“Los políticos tuvieron que buscar oficios honestos; algunos fueron buenos cómicos o buenos curanderos”.

Un Gobierno Abierto requiere personas que lideren el cambio. Ciudadanos que asuman la responsabilidad de convertirse en verdaderos funcionarios públicos y que quieran honrar tamaña distinción. Es necesario revalorizar a todos los que ocupan esos lugares, porque el Estado es fundamental para guiar a una Nación y equilibrar las desigualdades que se producen constantemente. 

La política debe ser redefinida y convertirse en un sustantivo con mayúscula. Es necesario para la sociedad, que quienes se involucren en esa noble y fundamental actividad vuelvan a tener el respeto de todos. 

Si bien parece una gran utopía, es posible. Porque hay algunos casos que ya están funcionando, y más cerca de lo que pensamos. 

Un buen ejemplo de Gobierno Abierto es la ciudad de Bahía Blanca, la cual ha logrado premios y reconocimientos internacionales por las buenas prácticas que se han implementado, con un modelo innovador con mapas, datos y visualizaciones en tiempo real, condescendiendo así la colaboración, participación y transparencia. Este caso demuestra que no es imposible que el Estado haga las cosas correctamente en la Argentina, solo se necesitan líderes honestos, buenas intenciones y ganas de progresar.

Si no logramos corregir rápidamente el rumbo que llevamos, el párrafo del cuento “Utopía de un hombre que está cansado” de Jorge Luis Borges que introduce la nota, será una profecía cumplida: “La realidad sin duda habrá sido más compleja que este resumen”. 

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