“Hay una economía en negro que es casi una Argentina”

Crespo / Cooperativa LAR

Diego Mayer: Gerente General de Cooperativa La Agrícola Regional, con actividades que van desde lo productivo e industrial hasta servicios y comercialización.

Si vemos al año desde lo económico fue un muy buen año que se contradice con una cantidad de restricciones que fuimos teniendo y complicaciones que tendrán consecuencias en 2022. El agro, fundamentalmente en nuestra zona de influencia, viene teniendo dos años seguidos con buenos resultados con una buena venta de insumos. En supermercados fue un buen año y en el corralón fue muy bueno, con problemas de escasez de productos en algún momento que ahora se está normalizando.

Pero así también los problemas fueron apareciendo y nos demandaron soluciones que no teníamos previstas. La gran demanda de la construcción nos llevó a tener que suspender un Plan de ventas anticipadas que teníamos desde hace varios años. Nuestros clientes venían con un plano, más una lista de materiales, los podía comprar y retirarlos dentro de los siguientes tres años. Eso lo teníamos bien regulado. Con la imposibilidad de ahorrar y acceder a los dólares, sumado a la pandemia y la imposibilidad de salir de vacaciones, la gente comenzó a retirar más materiales y se nos bajaron los stocks porque los proveedores no estaban entregando al mismo ritmo y no podíamos cubrirnos. Era vender sin reponer. Recién ahora en octubre pudimos volver a ese Plan con varias modificaciones, reduciendo los retiros a un año y solo para viviendas, entre otros cambios. Igual, vamos midiendo cada mes lo que pasa. 

En la parte Agro también tuvimos restricciones, además de grandes subas en agroquímicos y fertilizantes. El productor terminó una excelente campaña de trigo porque sembró con los precios de mayo y junio, y después los precios se dispararon. Ejemplo, un área que costaba el año pasado 400 dólares, en junio estaba 580 y hoy llega a los 1.050 dólares. El glifosato triplicó su precio en dólares por los inconvenientes internacionales de producción, a lo que sumamos nuestras restricciones a los dólares para conseguir los insumos. Hoy, todo el paquete tecnológico que necesita el productor para el maíz y la soja están mucho más caro y el resultado dependerá mucho de cuándo compró esos insumos. En fertilizantes suspendimos las ventas anticipadas, igual que en Corralón. Entonces, todas las restricciones que se dieron este año nos impactaron directamente en la operatoria normal de la Cooperativa. La salida de la pandemia vino con una reactivación fuertísima, pero todos quedaron con stocks de productos bajos.

Para el año próximo estamos mirando una luz naranja y que no se convierta en roja para la parte Agro, por dos temas: primero, el escenario Niña que se confirmó y el impacto que ya está teniendo con los maíces. Hay que esperar a enero para ver cómo sigue el impacto en la soja y también, los costos de producción que ya están en otro nivel. Si bien los precios internacionales de los granos están muy bien, donde se duplicó en un año el precio de la soja, los insumos se han duplicado y el glifosato aumentó por tres en dólares. Entonces, tanto los resultados productivos como los económicos son una incógnita ante los precios de los insumos y lo que pueda pasar con la falta de agua. 

Lo otro preocupante son los controles de precios, porque nunca terminan de dar resultados. Los proveedores, o escasean aquellos que entran en el listado, o sacan nuevos productos con alguna diferencia, cambian envases, suben el precio correspondiente y es un nuevo código de barra para ingresar. La gente no lo entiende y nos reclama al supermercado. Esas listas generan vender productos a pérdida o, en el mejor de los casos, al costo. Con el tiempo se genera una enorme brecha entre la realidad y la ficción. Cuando esos temas no se solucionan con una política económica, lo fuerza el mercado por las malas. Las consecuencias ya las estamos viendo con la fuerte pérdida del poder adquisitivo que está por el piso. Lo vemos en el análisis de las ventas del supermercado. Los tickets crecen en pesos sin inflación y las ventas en unidades suben. Carnicería vende igual, pero mucho más pollo. El resto de las áreas venden más unidades, pero de segundas marcas. Y así la lista sigue. Se deteriora el consumo por reemplazo de calidad de productos. 

Y en el último mes también estamos viendo restricciones en combustible. Lo vimos con el trigo, con una cosecha adelantada y con la posibilidad de comprar solo lo mismo que el año pasado y cuotificado por semana. Eso nos generó conflictos. La razón es simple, el combustible aumenta en Europa en euros y acá los planchamos en pesos.

Por todo eso, creemos que 2022 será un año todavía más complicado. Por suerte a LAR nos agarra sólidos desde lo económico y financiero por los dos últimos buenos años, pero será complicado. 

La salida a esta crisis es fácil decirla, no cómo hacerla. Hay cuestiones que son obvias y no se quieren tocar. Tenemos un nivel de gasto público y político que es insostenible. El único empleo que crece es el público que compensa la baja del empleo privado. El pensamiento de la política sigue siendo aumentar más impuestos y seguimos en lo de siempre: más gasto público, más estructura publica, más impuestos. En la cooperativa, la primera línea de gastos es el personal y la segunda, cómoda, son los impuestos. Si sumas todos los gastos de mantenimiento, de materiales de trabajo, de energía y de combustibles son la mitad de los impuestos que pagamos. Hasta que no logremos reducir el gasto público y bajar los impuestos no vamos a avanzar a ningún lado. 

Solucionar este problema es imposible sin un acuerdo político de todos los frentes para ir en serio a una baja del gasto, el empleo público y la reducción de impuestos. Hoy se ha generado una economía paralela en negro que es casi una Argentina y para quienes operamos en blanco, con todo en regla, nos complica enormemente semejante competencia desleal.

“La política debe dar guiños a la producción y la industria, la salida es por ahí”