Estamos 20% debajo de nuestra línea de flotación
Carlos Zavalla, Presidente de Clínica Modelo SA

Paraná. La Clínica Modelo es uno de los sanatorios privados de salud más importante de la Provincia.

 

Sin duda, y por la pandemia, este año ha sido un desastre. Hace 10 meses que estamos por debajo del 50% de nuestra actividad habitual. Para tener una idea: la guardia de pediatría recibía normalmente unas 50 consultas mensuales y hoy son apenas 6 de promedio; normalmente realizábamos entre 600 y 650 cirugías por mes y hoy apenas en 300-320; las internaciones que eran entre 800 y 900 mensuales, hoy estamos entre 480 y 500, con el agravante que antes, el 65% era de pacientes quirúrgicos y el 35% clínicos y ahora la composición se revirtió, siendo el 60% clínicos. Eso provoca que la facturación sea totalmente diferente. Está todo absolutamente reducido. El único servicio que ha crecido (y solo un 10-15%) es la terapia intensiva de adultos.

Al inicio de la pandemia tuvimos que preparar todo el sanatorio para enfrentar la situación de COVID. Desde un principio el Ministerio de Salud de la Provincia decidió en forma eufórica que los pacientes de Coronavirus debían ir al efector público, cosa que se cumplió en los primeros meses cuando hubo pocos casos. Después, los pacientes con cobertura de obra social que no querían ir al hospital venían a la clínica a internarse y no podíamos decirles que no, porque la Provincia nunca emitió una resolución confirmando su decisión. Nosotros no podíamos negarnos y tuvimos que preparar dos servicios de guardia, uno el tradicional y otro específico para las enfermedades respiratorias. Y así con el resto de la infraestructura de atención, incluyendo habitaciones aisladas y personal determinado. Todo eso son costos muy importantes para evitar más contagios dentro de la institución. A 10 meses transcurridos, estamos orgullosos de todas las medidas que tomamos porque de los 365 agentes que tenemos solo 73 (el 20%) estuvieron infectados. Si vemos las estadísticas mundiales, más del 40% del personal en los efectores de salud se han contagiado. Nos organizamos en grupos, se dividió el trabajo y se rotaron servicios. Además, tenemos en nuestra plantilla 22 personas de alto riesgo que no están trabajando y el servicio nunca se resintió. 

Hasta ahora recibimos el ATP del Gobierno Nacional y hubo una reducción de los aportes; ENERSA bajó a la mitad el costo de la energía. Todo eso no supera el 20% de nuestros costos fijos habituales de cada mes. Y si bajamos el 50% nuestra facturación, todavía nos falta un 30% para equilibrar los números. A todo esto, hay que sumar que el Salud Pública recomendó no autorizar cirugías programadas en los primeros meses de la pandemia. Las obras sociales – principalmente al IOSPER- aprovecharon para seguir al pie de la letra la indicación y el trabajo disminuyó, a pesar de que la clínica estaba en condiciones y preparada para atender ambas situaciones. 

Las perspectivas para el año que viene no son mejores que las actuales. Desde lo epidemiológico seguiremos con una media un poco más baja por unos seis meses más, supongo. La vacuna, que sería la única ayuda para disminuir el número de casos, será imposible de implementarla para que llegue en un número importante de la población para que sea significativo el resultado de prevención. Desde lo económico, en 2021 optimizaremos cada gasto de cada rincón y trataremos de achicarlo. También dependerá de si crece la demanda no COVID y cuál sea la “nueva normalidad” para nosotros: Si las 650 cirugías de antes o las 350 de ahora, o en un punto intermedio… Hoy estamos en un 20% por debajo de nuestra línea de flotación, o sea no llegamos a cubrir el mes, y si los ATP se terminan en diciembre, estamos muy preocupados. Nuestro sector es de muy baja rentabilidad en condiciones normales. Pensar en ayudas crediticias es difícil por los números actuales de las empresas. Nosotros pudimos sobrevivir este año porque no tenemos deudas, pero se comienza a complicar en la reparación o incorporación de tecnología, básica en nuestra actividad. Un ejemplo: la semana pasada se quemó el tubo del tomógrafo. Cambiarlo cuesta 40.000 dólares o 3,5 millones de pesos. Para cubrir ese gasto necesitamos un año y medio de funcionamiento del equipo en condiciones normales. Hoy es imposible. La mayor esperanza es incrementar el año próximo un 20% la actividad y con ese porcentaje lograríamos llegar a cubrir los costos y no comprometer el futuro de la empresa.

Nos preocupa el poder adquisitivo del consumidor
Hernán Fontana, Presidente de Juli Croc SA