En estos momentos los Estados deben ser austeros y dar el ejemplo, pero solo buscan dónde poner otro impuesto
Noelia Zapata, Gerente General de Cooperativa La Agrícola Regional

Crespo. La Cooperativa La Agrícola Regional es una de las empresas más grande de Entre Ríos, con actividades que van desde lo productivo e industrial, hasta servicios y comercialización.

 

Adecuación es la palabra. Ha sido un año de adecuaciones continuas y permanentes en temas de horarios, formas de trabajar o de cómo atender a la gente. Por todos nuestros sistemas de infraestructura y comunicaciones pudimos dar soluciones, seguir funcionando, implementar el home office, la atención al público, como con el canal online de ventas que ya teníamos, pero que no se usaba tanto. Hicimos muchísimas cosas para estar muy cerca de nuestros asociados y personal. Lo que más rescato es la aceptación y paciencia que tuvieron todos los clientes. Nadie se enojo porque recibió un servicio diferente al que estaba acostumbrado. Fue un trabajo conjunto, donde todos entendimos que debíamos cuidarnos y eso se valoró.

En lo económico, como LAR tiene en su gran mayoría servicios que fueron esenciales, no tuvimos que parar. Nos adecuamos en cada área a los nuevos protocolos con total flexibilidad, pasando recursos de un lugar a otro de acuerdo a la necesidad de cada momento. Somos 590 personas en la cooperativa y no despedimos a nadie. Es más, hemos incorporado más personal este año. Pero no es que la pandemia no nos afectó. Tuvimos áreas con problemas, como corralón o electrodomésticos, donde son conocidos los problemas de disponibilidad de materiales o mercaderías, tanto por las faltas de entrega de las fábricas como los problemas de importación. En estaciones de servicios es donde más se sintió, con una caída superior al 50% porque la gente no se movilizó.

Entre la adecuación, los gerentes rotamos semanalmente con trabajo en el hogar o la oficina. El trabajo en casa es sumamente demandante, casi de 24 horas. Hay áreas que se pueden hacer mejor que otras el trabajo remoto. Pero ahí viene la conectividad y las comunicaciones. Por eso, el Gobierno no puede regular precios en estos servicios. Con esa política no se logra mejorar ni precios ni servicios. El libre mercado permite esa mejora. Al intervenir, en momentos de una demanda altísima de internet, nadie va a seguir invirtiendo porque tiene todos los insumos en dólares y el servicio pesificado y congelado. Entonces, se termina bajando la calidad del servicio. Y lo mismo sucede con los “precios cuidados”. Está bien para un momento en particular y puntual. Pero después, los fabricantes terminan ajustando con las entregas, achicando envases o disminuyendo la producción. En toda intervención siempre el usuario termina siendo el perjudicado. 

Creo que varias cosas quedarán después de la pandemia. La adecuación de los horarios a las posibilidades y realidades de cada sector dependiendo la época del año; los domingos no abriremos más el supermercado. No porque no haya ventas, sino porque la gente necesita descansar. La presión que significa estar todos los días con barbijos y extremar las cuestiones de higiene hace que la gente necesite más descanso. Otra cosa que no volverá a ser igual son los viajes y las reuniones. La virtualidad permite un ahorro de costos y tiempos muy importante. Pero eso tiene también una contrapartida: la lejanía. En empresas y ciudades como las nuestras donde todos nos conocemos, estamos acostumbrados al contacto personal, al mirarnos a los ojos, al apretón de manos, al abrazo con amigos. Eso hoy no funciona. Cada vez nos debemos mantener más alejado del otro y no es grato.

Fue un año donde la capacitación formal quedó de lado. Hubo diferentes cursos por plataformas digitales que se tomaron individualmente y de manera informal, pero en lo institucional estamos trabajando para ver cómo nos adecuamos en cada área. Sí, a través de nuestra Fundación y con la plataforma de Zoom, hicimos charlas y conferencias de primer nivel para nuestros asociados sobre temas estratégicos como adaptación y educación. 

El año próximo será difícil porque el poder adquisitivo de la gente ha tenido una caída enorme, y eso llevará mucho tiempo recuperarlo. El Estado nacional y las provincias deben tener austeridad en estos momentos y dar el ejemplo, por sobre todas las cosas. Y no lo estamos viendo. Vemos solamente los esfuerzos que hacen para encontrar dónde poner el próximo impuesto. El Estado tiene que preocuparse en que las empresas funcionen, no en fundirlas. Las empresas no se llenan de plata en estos contextos. Tienen un concepto totalmente equivocado de lo que significa el sistema productivo y el empresariado. Hay un error muy grande en la ideología que maneja este Gobierno. Hay que incentivar al sector productivo para que haya más demanda de productos, bienes y servicios. Eso es lo que genera trabajo. No los planes. Y es un problema de educación que nos debe preocupar como sociedad, porque determinará el país que tendremos. La educación da libertad. Debemos exigirla, al igual que con la salud. Podemos tener buenas materias primas, pero si no recuperamos la cultura del trabajo y el esfuerzo, más el respeto por las leyes, no saldremos adelante. Como cooperativistas, estamos convencidos que los valores que promueve el sistema cooperativo hoy tienen más vigencia que nunca.

La región depende del clima y cómo le vaya a la agricultura. Esperamos que sea una buena campaña. El productor no baja los brazos y sigue sembrando. Nosotros atendemos todos los eslabones y ayudamos con las líneas de financiamiento. Conocemos muy bien cuál es nuestra misión en estos contextos y estamos muy presentes. Sabemos que no es “cuánto voy a ganar”, sino “cuántos servicios voy a prestar y con qué calidad”. En épocas complejas es cuando más está presente la cooperativa, y con esta pandemia, estoy convencida que estuvimos a la altura de las circunstancias.

La principal preocupación concierne a todos los que trabajamos ordenadamente: la excesiva carga impositiva sumada a la creciente informalidad. Cuando vendemos un clavo, tributamos un 21% de IVA, un 5% de Ingresos Brutos, tasas municipales, cargas sociales del empleado que atiende y muchos impuestos más. Hoy la competencia que no tributa está creciendo y debemos asumir que es un perjuicio para todos. Se necesita más equidad, más controles. Se debería premiar y no castigar a quien está en la legalidad, como también que el consumidor debe aprender a pedir la factura.

Si no capitalizamos lo que nos enseñó la pandemia, seguiremos pedaleando en una bicicleta fija
Héctor Pagnoni, Presidente de Geocimenta SA