Emociones paleolíticas, instituciones medievales y tecnología de dioses.
Por Fabio Vincitorio

Doctor en Ingeniería 

 

La era moderna, tal como la concebimos, es para Edgar O. Wilson una extraña mezcla de realidades que conforman nuestras actitudes. Somos, sin duda, una sociedad en transición y permanente evolución. Sin embargo, nos esforzamos por mantenernos lo más alejado posible del estado del arte.

No es casualidad, nuestra estructura de pensamiento paleolítica premia fundamentalmente lo que hoy denominamos nuestra zona de confort. Lógicamente, en un sentido amplio y en un país como el nuestro, no creo que exista tal cosa ni para el más exitoso de los empresarios ni para el cartonero más humilde (que al fin y al cabo también lleva adelante una empresa). 

La mayoría de las organizaciones que nos rodean son sin dudas medievales. Pensemos simplemente en las Universidades, que por cierto es el lugar donde transcurro gran parte de mi jornada. Éstas, creadas a mediados del milenio pasado, se organizaron en estructuras verticales. Por caso similares a las estructuras organizativas de la iglesia católica de aquellos años. Transcurridos más de mil años siguen funcionando, en gran medida, de la misma forma.

En Argentina, como sociedad innovadora que supo ser, las convertimos en democráticas… al menos en su forma de gobierno. Pero mantenemos la tradición académica que caracterizó durante un milenio la enseñanza superior. Lógicamente, incorporamos la investigación e inventamos el concepto de extensión (que por cierto no tenemos todavía muy en claro de que se trata). Pero de algo nosotros estamos seguros: la universidad es el lugar de la sociedad donde se nuclean las mentes que tiene libertad y capacidad de pensamiento, así como el tiempo para ejercerlas. Sin embargo, con solo escuchar unos minutos las discusiones académicas respecto de la enseñanza dentro de nuestra comunidad, el espejo de la realidad nos ubica rápidamente en el paleolítico.

Sin dudas vivimos una era contradictoria y la tecnología de los dioses está disponible. Podemos volar como Ícaro y traspasar las fronteras de nuestro planeta, nos hemos metido en el universo del átomo y hemos comenzado a crear vida artificial. Estamos enseñando a nuestra tecnología a aprender y podemos hacer que nuestras máquinas bailen al ritmo de la música. Todo nos asombra, pero al mismo tiempo lo naturalizamos, tal vez porque esa misma tecnología está afectando nuestras mentes paleolíticas sin que nos estemos dando cuenta.

 

Muchas empresas están muertas, pero todavía no se dieron cuenta

Hace algunos meses, en un programa de televisión, escuchaba al político de turno reclamar al sector empresario que la industria automotriz en la década del 70 se integraba con un 75% de componentes nacionales y que hoy esto ha caído por debajo del 20%.

Lógicamente el sector empresario, con razón, reclamaba al político sobre manejos económicos que han llevado a la ruina de nuestro país. ¿Pero ha sido la “política económica” o las “ambiciones desmedidas” de los empresarios lo que ha llevado a esto?

Pensemos que el automóvil de la década del 70 era un dispositivo 90% basado en tecnología mecánica y hoy es una computadora con ruedas.

Tal vez la respuesta sea: como país no hemos sabido reconocer la evolución tecnológica (sociedad paleolítica), invertir en investigación y desarrollo (empresarios paleolíticos) e implementar políticas aplicables que premien el desarrollo tecnológico y la inversión en conocimiento (políticos paleolíticos). Si esto hubiera ocurrido, tal vez hoy la industria nacional estaría fabricando el mejor automóvil del mundo. Solo deberíamos preguntarle a Horacio Pagani.

Una empresa no solo desaparece por la coyuntura económica. Las grandes multinacionales están fuera de esta realidad, pero corren el mismo riesgo que una pequeña empresa familiar. En el mundo de hoy una innovación tecnológica hecha por tierra –en pocos meses- los esfuerzos de años llevándola a la muerte.

Veamos un ejemplo que ha pasado desapercibido para la sociedad argentina: somos y nos enorgullecemos de ser uno de los pocos países productores de carne vacuna. Estamos convencidos que tenemos el mejor producto y que a pesar de los vaivenes económicos nuestra carne es insuperable. Los productores se esfuerzan por mantener la genética y ser competitivos. Tenemos las mejores condiciones naturales del mundo y las sabemos aprovechar. Una de las empresas de tecnología más importantes del mundo –por no decir la más importante-, está financiando el desarrollo de la carne sintética, una revolución alimentaria que llevará a la extinción a la producción de carnes naturales (el cual es el objetivo). ¿Qué acciones están tomando las empresas de la cadena de valor para no morir? ¿O es que ya lo están?


En Argentina no somos capaces de estar a nivel del desarrollo internacional

Nuestra sociedad particularmente paleolítica padece además de un extraño síndrome de inferioridad. Nos orgullecemos de tener premios Nobel y de cada desarrollo extraordinario que realiza nuestra ciencia. Pero practicamos y aceptamos nuestra incapacidad.

El sector gobierno financia investigaciones y desarrollos, pero no termina de entender muy bien para qué ni cómo lo debe hacer para que esto sea útil. El sector empresario “siente” que el desarrollo tecnológico es traer la última máquina diseñada en Alemania y el sector científico todavía debate ¿para qué hacemos ciencia?

Sin embargo y sin trascender esto está cambiando a mi entender. Muy lentamente, pero lo está haciendo. La economía del conocimiento (hoy tercera actividad generadora de divisas), el desarrollo tecnológico y el conocimiento científico son la base de lo que tal vez sea la última oportunidad para nuestro país de alcanzar una sociedad más justa. 


¡Yo trabajo en un baño!

En mi deambular por congresos científicos internacionales de mi área de conocimiento, he debido repetir esta frase: “I work in a bath!”, principalmente cuando escucho proyectos que pobremente son financiados con un par de millones de euros. 

Pero es mi realidad. Yo trabajo en un laboratorio que alguna vez fue el baño del decano. Extraña paradoja del destino, pero que describe muy bien la concepción que tenemos en nuestra sociedad y en nuestras instituciones respecto de la importancia real del desarrollo científico - tecnológico (Institución medieval, mentalidad paleolítica).

Sin embargo, en un baño de una institución naturalmente medieval estamos tratando de romper nuestra mentalidad paleolítica. Así nos hemos propuesto ser científicos y a la vez empresarios. Tratamos de entender que nuestro conocimiento se está transformado en un bien económico que tendrá un impacto altamente positivo para la sociedad. A su vez algunos empresarios están demostrando que además quieren ser científicos.

Del baño a HeidelbergCement, mándenos un video

Dar un pequeño paso en nuestra transición del paleolítico a la modernidad ha dado resultados sorprendentes. Más de diez años de investigación con publicaciones internacionales avalan lo que hemos estado haciendo dentro del sistema científico y tecnológico. Sin embargo, el gran salto al mundo empresario ha sido a través de un video de 3 minutos. Un tiempo realmente corto para explicar 12 años de investigación y todo un desafío para el que nos habíamos estado preparando.

En agosto de este año se presentó a HeidelbergCement, una multinacional alemana, un sistema totalmente innovador para caracterizar el comportamiento de cementos y hormigones en su estado inicial mediante un sistema basado en óptica de rango nanométrico, investigación desarrollada en conjunto entre el GIF UTN y el CECOVI UTN. Sin embargo, la implementación tecnológica del prototipo y el contacto con la multinacional lo desarrollamos desde VZ-Ingeniería, una microempresa de base tecnológica que he decidido fundar hace más de 18 años. Una inversión de alto riesgo, cercana a los $800.000, que nos permitió alcanzar el objetivo.

Objetivo al que no se hubiera llegado si no nos encontráramos con mentes, que al igual que las nuestras, están haciendo un esfuerzo notable por salir de la edad de piedra. No solo el decano de nuestra Facultad estuvo a la altura de la situación, también la gente de Ciencia y Tecnología de la Municipalidad de Paraná y Fopromen, que con su accionar demostraron cómo articulando diferentes sectores se consiguen los objetivos planteados aportando los recursos necesarios para alcanzar una meta.

No sabemos cuál es el techo de estas acciones. Solo sabemos que estamos recorriendo un camino nuevo.

Sin embargo, la mentalidad paleolítica nuevamente se hizo presente. Entendemos que esta es una tecnología innovadora que tiene el sustento necesario para convertirse en una herramienta que transforme la industria de la construcción. No porque nosotros lo imaginemos, es lo que nos plantearon desde una empresa que factura €18.000 millones por año (algo deben saber del negocio).

En el mes de septiembre intentamos en vano en dos oportunidades contactar a las más de 27 empresas certificadas fabricantes de hormigones en Argentina. Nuestra idea era brindarles conocimiento mediante un Webinar sobre esta tecnología; mostrarles de lo que hemos sido capaces y darles la posibilidad de participar. La respuesta, en el mejor de los casos, fue ignorarnos. El resto nos bloqueó los medios de comunicación (mentalidad paleolítica: desatiende la innovación, muy característica de esta).

Una segunda sorpresa la tuvimos durante el mes de septiembre. Ya no en Alemania si no en Francia. La empresa Aerial, una empresa tecnológica relacionada con la industria de los alimentos, aceptó en menos de un llamado telefónico que le contemos respecto de nuestros desarrollos asociados a esta tecnología. Es que el principio físico que permite analizar las reacciones químicas (cementos) también permite caracterizar procesos biológicos.  Previamente habíamos sido seleccionados entre 975 proyectos en el concurso Molinos Innova.

Hoy nos encontramos ante el gran desafío de poder transformar esta tecnología en un sistema que sea capaz de brindar valor agregado a la cadena de valor de la industria de los alimentos. Para ello necesitamos de empresarios con mentes modernas que acepten el desafío de probar y evaluar esta tecnología.

En el mundo empresario riesgos siempre los hubo y los habrá, pero hoy el más alto es el de morir por un cambio tecnológico que no quisimos ver. 

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