“El optimismo es el mecanismo de defensa del empresario”

Piedras Blancas / Grupo Saint Gobain

Leandro Garciandía: Director General de Placo Saint Gobain. Comercializa y distribuye insumos e implementos para el sector lácteo, tambos e industria.

El año siguió la tendencia del segundo semestre de 2020 y terminó siendo bueno para la construcción. En términos de volúmenes el año se cerró bien. Lo que cambió fue el mix de productos que se comercializaron. En 2020 se consumieron productos más ligados a la refacción de hogares y este año se vendieron más los productos para obras nuevas. 

Los problemas siguen siendo los de siempre porque no se resuelve nada de fondo. Hay un mercado demandante con alta inflación porque la gente no tiene capacidad de ahorro y lo canaliza para mejorar las comodidades de su casa. El ladrillo, al igual que los dólares, sigue siendo una alternativa para la inversión y eso se sigue dando. Por eso, la construcción ha estado en un buen nivel en la mayoría de las zonas del país. A su vez, el alto incremento de la actividad se complica por la inflación y la imposibilidad de trasladar mayores costos a precio. El movimiento existe, pero cae el nivel de rentabilidad. 

En lo personal estoy solo el 60% de mi tiempo metido en la coyuntura, básicamente porque en la empresa tenemos un plan de tres a cinco años por delante y eso nos obliga a tener una mirada de mediano y largo plazo. En la Argentina no se puede dejar de atender la coyuntura todos los días por la velocidad con la que los costos aumentan, la imposibilidad de trasladarlos a precio y la fuerte competencia del mercado. 

En las plantas hoy estamos trabajando arriba del 90% de la capacidad instalada, con personal estable y sin haber incorporado gente este año en la mayoría de los establecimientos industriales. 

El 2022 es una gran incertidumbre. Dependerá mucho del arreglo con el Fondo y las señales que se den a dónde vamos como país. La economía está muy dependiente a lo que pase ahí. Además, vemos un escenario que será de alta inflación, más que 2021. Así que, aun manteniendo volúmenes, será un año difícil. Afortunadamente somos optimistas, sino fuera así no podríamos trabajar. En este país el optimismo del empresario es un mecanismo de defensa. 

Si me dicen que 2022 será un año de 8 puntos, lo firmo ya. La alta emisión monetaria tendrá su efecto en la inflación que será más alta en el primer semestre del año. Se habla de acomodar las tarifas y recorte de subsidios que impactarán en la capacidad de compra de las personas. Sin acuerdo con el FMI eliminamos cualquier posibilidad de financiamiento. Hay que entender que “el Fondo” lo integran los principales países del mundo y sin un acuerdo, la única posibilidad seguirá siendo la emisión monetaria. Argentina necesita dólares para poder financiar el crecimiento y acelerarlo, entre otros problemas. El déficit fiscal habrá que cubrirlo con más emisión y arranca el espiral inflacionario sin control que ya sabemos cómo termina. Y si se arregla con el FMI, igual la inflación seguirá estando al menos el año que viene y continuaran todos los problemas de arrastre: falta de financiamiento, de la posibilidad de ver cómo hacemos para crecer, del ingreso de más dólares. La falta de dólares no nos deja importar como necesitamos. Y esperemos que el COVID no sea protagonista también, porque puede afectar nuevamente a la economía. Sin dudas, a 2022 lo veo más difícil que a 2021.

Hasta que no nos sentemos y logremos consensos entre todos no habrá solución. Esto se arregla con el compromiso de todos en una misma mesa: sindicatos, partidos políticos, comercios, industria, producción. Es imposible que un solo partido político logre sacar al país adelante. En tanto y en cuanto quienes tienen la responsabilidad de gobernar no sean capaces de generar un plan claro con metas cumplibles estaremos a la deriva como en los últimos 70 años. Hay que aprender de países como Uruguay o Chile que pasan gobiernos de derecha o izquierda y los grandes temas del país no se discuten, solo los matices cambian. En Argentina cada gobierno se considera refundador y arranca de nuevo y en forma contradictoria con el que estaba antes. Y además ahora paradójicamente, contradictorio consigo mismo.  Hoy las dudas están dentro del propio gobierno y pretender que el país crezca y se desarrolle de esta manera es una locura. Porque una cosa es crecer, lo que pasa en los últimos años donde crece el PBI por el valor de los comodities, pero el país no se desarrolló, no logró sostener ese crecimiento. Y el otro punto clave es ponernos de acuerdo en qué queremos de la educación. Porque si no tenemos un país educado y formado en las nuevas tecnologías y en los desarrollos que se están dando en el mundo, difícilmente veamos la luz.

“El emprendedor es quien hace la diferencia en tiempos de crisis”