El Gobierno Nacional está autoderrotado

Duele decirlo, pero quienes amamos la democracia republicana, solo vemos que tenemos un gobierno paralizado y a la deriva, cuyos principales protagonistas dirimen una lucha sin cuartel por el Poder, a expensas de nuestro pueblo que sufre sus consecuencias. Está claro que el gobierno nacional tiene su imagen por el piso y la clase política sigue, cada vez más, en declive.


Por Roberto Trevesse
Licenciado en Periodismo y Comunicación

La Constitución Nacional vigente, en su artículo 88 señala que “En caso de enfermedad, ausencia de la Capital, muerte, renuncia o destitución del Presidente, el Poder Ejecutivo será ejercido por el vicepresidente de la Nación. En caso de destitución, muerte, dimisión o inhabilidad del Presidente y vicepresidente de la Nación, el Congreso determinará qué funcionario público ha de desempeñar la Presidencia, hasta que haya cesado la causa de la inhabilidad o un nuevo Presidente sea electo”.

Con solo leerlo, cuesta entender cómo no renuncia o se le pide su dimisión a alguien que ha sido irresoluto, débil, incoherente, que quiere quedar bien con tirios y troyanos, dominado por la vicepresidenta, a quien –hasta ahora- no le cumplió con lo que tiene que hacer. O sea, lograr que todas sus causas judiciales sean cerradas, fundamentalmente las más graves que están avanzadas y es factible que sea condenada.

En revistas anteriores de X-MÁS titulamos una tras otra nuestra columna de opinión, con los siguientes títulos: “Señor presidente ¿qué le pasa?”; “Oficialismo y oposición se siguen equivocando”; “Cuando las autocracias amenazan a las democracias”; “Cuando no somos escuchados y ni tampoco les importa”; “¿Quién tiene el Poder?”; “¿Qué pasó con la clase media en los últimos cinco años?”; “La Pandemia somos nosotros”; y “El fracaso de la clase política lo seguirá pagando el ciudadano de a pie”.

Es evidente que nadie o casi nadie de nuestros lectores no creyeron o no leyeron nuestro análisis de la realidad actual. No tuvimos noticias de sus opiniones, pero queda claro que no nos equivocamos. Hoy navegamos sin timón.

Se sabía antes de las elecciones de 2019 que esta “duplpareja” presidencial no iba a funcionar como tal. Estaba claro que Cristina Fernández lo eligió a Alberto Fernández para encabezar la fórmula, porque a ella sola no le alcanzaban los votos para ganar. Así son las cosas en la Argentina y así de mal nos va. Pero esta anomalía de la democracia, donde el Poder lo tiene la vicepresidenta y quien debe gobernar depende de la aprobación o no de ella, es una verdadera malformación que transgrede la Constitución Nacional y a nadie le importa nada. Solo escuchamos críticas de la oposición que se las lleva el viento.

Estamos en presencia de una situación por un lado extravagante y por el otro una farsa. Vivimos una comedia en los ámbitos del poder político, pero al mismo tiempo una tragedia de nuestro pueblo argentino. Nunca, desde el 10 de diciembre de 1983 a la fecha, la gran mayoría de los argentinos han padecido las penurias económicas que estamos viviendo en la actualidad.

El país está en llamas, la miseria frente a nuestros ojos, la educación por el suelo, la salud pública hace lo que puede, la clase media destruida, reina la ignorancia de un país abandonado a su suerte.

Tenemos muy mala memoria y creemos que a nuestros líderes hay que adorarlos como si fueran dioses o reyes y hacer lo que ellos nos dicen. Nos olvidamos que son de carne y hueso como todos. 

Lo cierto es que estamos en un berenjenal donde no nos escuchamos, donde la mayoría de los gobernadores evitan dar su opinión, solo expresan frases de circunstancia y deseos que pronto estaremos mejor. Nadie quiere asumir un sinceramiento y esto es muy lamentable. 

Otro detalle que debemos saber es que la Constitución Nacional actual en su artículo 92 expresa que “El Presidente y vicepresidente disfrutan de un sueldo pagado por el Tesoro de la Nación, que no podrá ser alterado en el período de sus nombramientos. Durante el mismo período no podrán ejercer otro empleo, ni recibir otro emolumento de la Nación, ni de provincia alguna”. 

Sin embargo, la señora cobra la renta vitalicia como Presidenta de la Nación y también la de su marido que fue Presidente. En una carta dirigida al Secretario General de la Presidencia, Julio Vitobello con fecha 5 de marzo de 2021 (casi 15 meses después de haber asumido), renunció a cobrar el sueldo de vicepresidenta ya que “La misma obedece a haber sido notificada en el día de ayer por la Resolución de ANSES [...], por la cual se me restituye la asignación mensual vitalicia en mi carácter de ex Presidenta de la Nación durante los períodos 2007-2011 y 2011-2015…”.

Al margen de lo expresado, no se ve un escenario posible para intentar una reconstrucción de nuestra argentina malherida. Sí se observa una lenta agonía, apoyada en licuación de salarios y jubilaciones con crecimiento exponencial de la inflación.

Uno no quiere alarmar, pero estamos a pasos del abismo social, de la vulnerabilidad de millones de argentinos y del fracaso de la realidad política que nos indica que está a la vuelta de la esquina.

Lo cierto es que la Argentina padece de una crisis institucional que los representantes de la política no logran contener. Por caso el Presidente sufre una falta grave de autoridad desde que Cristina Kirchner se plantó a reprobar en público su política económica y a acusarlo de no tomar decisiones. Su gobierno corre detrás de los acontecimientos de todo tipo, no tiene un plan contra la inflación ni capacidad de ejecutar a tiempo las medidas a las que se comprometió, como ocurrió con la quita de subsidios energéticos. Los mercados anticipan problemas más profundos y a una velocidad inesperada.

A pesar de estar muy desgastada ante propios y extraños, Cristina Fernández tiene en su proyecto personal un objetivo claro: ingresar a la inmortalidad como la “Numen” de la historia política argentina. Es por eso que en su tarea diaria de líder de su ejército de jóvenes camporistas, las casualidades no existen, las coincidencias son premeditadas y las referencias, deliberadas. Todo tiene un propósito.

El operativo “Cristina vuelve” se repite, pero ella sabe que es muy difícil. Por eso tampoco quiere reemplazarlo ahora. De todos modos, es factible que lo intente ya que no pierde la ilusión de regresar a la Casa Rosada. Lo cierto es que la reconstrucción del cristinismo está en marcha. 

La vicepresidenta sabe que en el peronismo no hay quien tenga más votos que ella, pero sin el apoyo de otras fuerzas afines y que hoy están descontentas, no llega a buen puerto. La elección de Alberto Fernández como su candidato, fue su error fundamental. En realidad, tampoco tiene entre sus fieles, un heredero capacitado para el cargo. Nadie iguala su inteligencia, ambición de poder y liderazgo.

El Presidente vive sus horas más aciagas. Su figura está muy debilitada, adentro y afuera del gobierno. De su estrecha confianza siguen a su lado un puñado de funcionarios sin peso en el Frente de Todos. Mientras tanto los operadores económicos miran con escepticismo y escasas expectativas la nueva etapa que se abre. 

Mi colega Claudio Jacquelin publicó en el diario La Nación que “la negociación que Fernández se negó a establecer con su vicepresidenta durante más de un día terminó viéndose lo que justamente él no quería que fuera: una rendición. Una resistencia más autodestructiva que inútil. Otra más de una larga lista que empezó con su mandato… Por lo pronto, Cristina consiguió su primer objetivo: reducir casi hasta la inexistencia cualquier vestigio de albertismo, recobrar la centralidad absoluta en el oficialismo y lograr la rendición, al menos temporal, de los peronistas que hasta hace unos pocos meses intentaban dar por superada la hegemonía cristicamporista. Aun así, sigue atada a la suerte de Fernández y nada le asegura que quedará a salvo”.

A todo esto, uno se pregunta qué dicen o que hacen los 19 gobernadores peronistas. Con exactitud no lo sabemos. Se reúnen, se hablan por teléfono, conversan con el Presidente o con la vicepresidenta, pero en concreto no está para nada claro donde están parados. No se expresan en conjunto públicamente sobre la crisis que estamos viviendo los argentinos. La verdad es que son pendulares, ambivalentes, estoy con ella, pero también con él y viceversa. 

Es tal el desmadre en el gobierno nacional que la precariedad de la respuesta política a la crisis que terminó con la renuncia de Martín Guzmán expone al Gobierno a estos días tempestuosos. Al Frente de Todos le llevará tiempo limar asperezas de un fin de semana autodestructivo, mientras la economía se mueve de tal manera, que no espera ni perdona. 

La Argentina asiste como testigo, pero sobre todo como víctima, a un escenario por demás peligroso: una inflación intolerable, el dólar por las nubes, el riesgo país que no deja de crecer, sin crédito externo o interno, tipo de cambio incontrolables, brecha cambiaria, casi la mitad de los argentinos son pobres, millones están subsidiados para poder comer porque no tienen un trabajo, temor, violencia, la inseguridad que no cesa, el narcotráfico que no se detiene y vacío político sin precedentes, entre otros males mayores.


Información de precisión a “vuelo de pájaro”
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