El Comercio Exterior que viene
Criptomonedas

De la razón de ser del dinero, pasando por las monedas fiat hasta la llegada de las monedas digitales y los cambios que comienzan a producirse en los mercados mundiales de mercaderías. 

Por Diego Dumont. Titular de DMF Comercio Exterior. Contador, Despachante y Especialista en Comercio Exterior (UNR) 

El dinero 

El dinero tiene tres razones de ser o funciones. La primera es ser unidad de cuenta, es decir que los precios se expresen en función del mismo. 

Otra, es ser medio de cambio. Es decir, que no lo adquirimos para consumirlo o emplearlo en la producción, sino para ser intercambiado por otros bienes. A lo largo de la historia de la humanidad muchas cosas han cumplido la función de dinero: el oro y la plata, pero también el cobre, las cuentas de vidrio, la sal, piedras de gran tamaño, conchas marinas, alcohol y cigarrillos. 

Finalmente, la tercera razón es su “vendibilidad”, la capacidad de conservar valor en el futuro, es decir, ser reserva de valor. Y acá algo importante, y es que para conservar valor a futuro es necesario que la oferta de ese bien no se incremente demasiado. 

Incentivados por el valor como dinero de muchos de los bienes que nombre, el hombre fue incrementando la producción, disminuyendo el cociente existencias (stock/nuevos flujos), hasta que la humanidad los fue dejando de lado y reemplazando por nuevos bienes más escasos. El único –hasta ahora- bien por excelencia que conservó su valor como dinero es el oro. Hay un stock de alrededor de 180.000 toneladas de oro extraído sobre la superficie de la tierra hoy, de las cuales 33.000 están en manos de los Bancos Centrales. Los nuevos flujos rondan en un 2% interanual aproximadamente, y es imposible producirlo químicamente. La plata perdió valor como dinero y pasó a ser un bien industrial, porque se corroe con el tiempo y sus nuevos flujos se ubican en torno a un 20% interanual. 

Dinero fiat 

Cuando hablamos del dinero fiat, hablamos del dinero regulado por los gobiernos (del latín fiat, significa hágase, en alusión a su creación por decreto). Al principio, este dinero estuvo respaldado por el oro (patrón oro). Así que, si teníamos un billete en la mano, era lo mismo que tener oro. 

Inglaterra fue el primer país en implementar el patrón oro en el año 1717 y el mundo lo fue adoptando hasta la Primera Guerra Mundial (salvo Suecia y Suiza que lo conservaron hasta la década de 1930). Con la tentación de los gobiernos de emitir moneda sin respaldo, ya lo que tenemos en mano no es oro sino deuda del gobierno. Sin embargo, que una parte de las reservas de los bancos centrales sean aún en oro, ratifican su valor como dinero sólido aún en la actualidad. 

El problema del dinero fiat, es que su emisión sin reparo trae inflación (además tasas de interés artificiales, incertidumbre con los tipos de cambio, desincentiva el ahorro como valor social, sobrevalora el consumo y propende asignación ineficiente de recursos). Lo peor es la inflación, sobre todo en países como el nuestro, por ser un impuesto que transfiere recursos de la sociedad al Estado, y afecta sobre todo a los más pobres que utilizan el dinero que tienen en mano para la diaria. 

Un dato que ilustra la tentación estatal con el dinero fiat: el mercado de divisas mundial es 25 veces más grande que el PIB mundial. 

El dinero digital 

Cuando Friedrich Hayek escribió “La desnacionalización del dinero” en 1976, no imaginó que mientras escribo esta columna contamos con más de 8.800 criptomonedas según acusa www.coingecko.com. 

En 1997, Davidson y Rees-Mog en “The Sovereign individual” anticiparon con doce años de antelación la creación de una moneda digital como Bitcoin.  Bitcoin, la primera de todas, creada en 2009 por un misterioso Satoshi Nakamoto, de quien nada se sabe, es la más fuerte de la actualidad, por tener una ratio existencias/flujo inamovible que alcanzará los 21 millones de monedas en el año 2140 (hoy día, hay algo más de 18 millones emitidas). Además, es la única importante de todas las criptomonedas que no tiene riesgo de contraparte y no depende de terceros. 

Las demás (altcoins) pertenecen a desarrolladores privados a quienes los Estados podrían apuntar cañones. Bitcoin tiene vida propia y ya ha demostrado ser inviolable. Todavía debe enfrentar algunos problemas con su implementación masiva. Por ejemplo, la volatilidad actual, que según anticipa Saifedean Ammous irá cediendo a medida que su valor actual se incremente varios múltiplos y su uso se masifique. Otro problema es la escalabilidad en la red (puede procesar sólo 7 transacciones por segundo). El proceso de registro en el libro mayor de su blockchain está descentralizado en miles y miles de ordenadores de todo el mundo (de ahí que es incontrolable para los Estados), pero eso implica que asentar datos puede ser lento y las comisiones subir rápidamente, o que deban hacerse registros off chain al final del día, por operadores que unifiquen los asientos. 

Una tecnología que puede cambiar esto –y está en discusión hoy- es Lightering network. Otras altcoins, como Algorand, creada por el galardonado criptógrafo del MIT Silvio Micali, puede procesar 46 mil transacciones por segundo, casi el doble de sistemas centralizados como VISA. 

Su uso en comercio exterior 

Incursioné hace poco en el mundo crypto, con la ayuda de mi amigo y especialista Andrés Casella. Con él hablamos de tener apertura mental para imaginar un mundo futuro que hoy suena a ciencia ficción, con colonias en el espacio y en el que ya no habrá camiones de caudales. 

El dinero digital se está convirtiendo en una realidad que con seguridad será parte de nuestra vida en no tantos años. El Salvador está pensando su bitcoinización, Brasil estudiando crear el Real digital y China su Yuan digital. 

A nivel global las transacciones pueden alcanzar la instantaneidad, desplazando el actual sistema Swift. Queda por verse cómo se comportarán los Estados. A bitcoin no podrán domarlo, sólo podrán establecer regulaciones accesorias, ya que está vivo en la red, no en una oficina puntual. 

Tomemos por ejemplo Argentina: el Estado podría obligarnos a declarar y tributar por nuestra actividad legal, pero ¿podría elegir por nosotros el medio de pago?; si el dólar para la gente está a 180 pesos en la calle, pero cuando cobramos una exportación el BCRA nos lo paga a 96 ¿renunciaría a quedarse con esa renta? Esta discusión es la que viene.

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