Ciudades vivas
Urbanismo
Por Marcelo Satulovsky, Arquitecto

La ciudad es el territorio del cambio. Es el ámbito donde construimos la posibilidad del desarrollo como una fuerza poderosa de transformación para conseguirlo. 

Cada vez más la experiencia humana es experiencia urbana. Hace pocos años, por primera vez, la población global en las ciudades pasó a ser más que la rural, y todo indica que hacia 2050 esa relación esté en torno al 70%. Con más o menos población, tecnología, recursos, es en ellas donde escribimos cada día nuestra propia historia, y nuestro futuro común.  

En tiempos de cambios acelerados eso es central porque hoy hay demasiadas cosas importantes que ya no pueden esperar, pero para las cuales no hay segunda oportunidad: urbanización, brecha social, deterioro ambiental, transformación digital y con ella en todo, etcétera.  

Entonces, como dice M. E. Correa, “no podemos seguir pensando el futuro como algo lejano”. La ciudad del mañana, su forma de vida, sus dinámicas, sus lugares son -serán- lo que hacemos hoy. Y lo que no, lo que por acción u omisión juntos elegimos no hacer, o aún ignorar. 

El escenario para construir lo que viene es tu ciudad y es ahora. No obstante, ante el estado de ellas, los desafíos del siglo XXI y los ritmos de cambio, es claro que no podemos hoy construir el mañana con los manuales de ayer: sustentabilidad hoy se dice disrupción. Pero eso implica poner en juego otras lógicas. 

Somos la ciudad

Ciudad es nuestra forma de ser juntos. Cultura y ambiente tejidos a través del tiempo que se vuelven parte de nuestra identidad: somos nuestra gente, nuestros lugares e historias, y un modo particular de habitar, de vivir la ciudad y de darle vida: cada día, somos la ciudad.

Ciudad es diálogo. Una conversación abierta y continua por la cual cada comunidad sintetiza y representa su identidad, su relación con la naturaleza, su tecnología, sus valores. Entonces ciudad es diversidad y contradicción. Un juego inestable de equilibrios entre intereses y prioridades, cambios y permanencias: ¿mantener intocable el paisaje que nos da identidad y atractivo, o adecuarlo para nuevas modalidades de vida, turismo, producción, etcétera… cómo, cuánto…

Así, ciudad es sentido común. Un para-qué, la noción de un rumbo compartido como comunidad. Por sobre los límites que insistimos en dibujarle a la realidad (entre jurisdicciones, banderías, sectores públicos-privados), se trata de quiénes y cómo queremos ser en conjunto. Y por tanto la ciudad se hace proyecto; esa visión común a futuro, hecha camino y pautas para la construcción de un desarrollo inclusivo y sostenible para toda su gente, de hoy y mañana. 

Repensarnos 

Ciudad es identidad y diversidad; diálogo y contradicción, dinámica y evolución. Pero resulta que venimos viviendo en blanco y negro, cerrados en una lógica digital de ceros y unos. La vida no es binaria, sí o no. Las posibilidades entre cero y uno son infinitas. Y mayormente, en lo urbano no se trata tanto de hacer o no, sino cómo: cómo resolver conflictos y desplegar potencialidades; cómo articular proyectos capaces de conjugar en positivo la sinergia de ciudad.

Bulevar Racedo y los árboles, en Paraná. Salguero y el río en Buenos Aires. No a las torres, o sí a la ciudad renovándose; dejar ese sector como un vacío verde o generar equipamiento social sostenible. Hacia uno u otro lado, ninguno de ellos son planteos aislados o sin sentido. 

Aún sin saberlo quizás sus actores, son la expresión en tiempo real de las tensiones naturales de la ciudad viva: es la dialéctica histórica entre cambio-permanencia, junto a la mirada renovada a los bienes comunes, y al par ambiente-desarrollo. Son las lógicas urbanas en debate, es la ciudad pensándose a sí misma de cara al futuro. 

Ante eso vemos a diario en nuestras ciudades respuestas de todo tipo: ignorarlo o confrontar; imponer un planteo que moldea la vida de generaciones o avalar sin juicio crítico toda postura instalada en el debate público; o bien la construcción desde el diálogo de enfoques capaces de articular valor urbano sostenible. El reto es leer profundo lo que está realmente en juego y hacernos cargo, todos, de nuestro momento de ciudad en la historia común.

No obstante, frente a muchos de los retos urbanos vemos avanzar casi como fórmula mágica planteos de ciudad inteligente (Smart City). Y así, sistemas de tránsito inteligentes para llegar mejor al centro, por ejemplo, en lugar de descentralización y revitalización barrial; visión metropolitana, articulación y movilidad de cercanía; abordaje sistémico y lógica fluida. Lo “Smart”, la tecnología es siempre un cómo, nunca un qué ni para qué. La tecnología más efectiva que nos hemos sabido dar para gestionar la ciudad, la “polis”, es política.

La respuesta a las tensiones urbanas es política y proyectual. La inteligencia urbana genuina pasa por la construcción de una visión estratégica y un proyecto común; y ahí sí, veamos en qué y para qué; dónde, cómo, cuándo aplicar recursos, tiempo y tecnología para concretarla.

El reto urbano no está en la tecnología, en el on-line sino en el off y su cruce. Como síntoma tal vez de los tiempos, en demasiadas ciudades hoy nos faltan proyecto y política en el sentido más pleno, más amplio: la construcción de una nueva urbanidad -recargada- para el Siglo XXI.

Hacer ciudad

En el cruce inédito entre la urbanización exponencial y la digitalidad, casi sin darnos cuenta venimos construyendo una nueva urbanidad, nuevos modos de ser y hacer la ciudad. Pero ir más allá del crecimiento, avanzar hacia el desarrollo implica a la par un rediseño en las miradas y las prácticas, nuevo enfoques y modalidades de gestión, una nueva ciudadanía. 

Con cada actor y sector ocupando a pleno su rol, con el mayor rigor profesional, pero desde el diálogo real y continuo (en off/on) entre las partes involucradas, todas. En lo que hace al hábitat (arquitectura, construcción y su cadena de valor), se trata de operar caso por caso dinámicas de “urbanismo concertado” para los proyectos de impacto -públicos y/o privados- durante la elaboración de las propuestas, y no sólo buscando su validación a posteriori. 

En el plano general, es implementar instancias participativas en red para la generación y gestión continua de iniciativas para el desarrollo. Un canal de diálogo creativo para la transformación urbana, una articulación sistemática y permanente de actores y sectores tras una visión de ciudad concertada, y a la vez abierta para dar espacio a la evolución, al cambio. 

Como autoridades a cargo por un periodo o como dirigentes políticos; como academia e instituciones intermedias, como empresarios, profesionales o vecinos, somos la ciudad en debate repensándose a sí misma, construyendo cada día nuestro futuro común. 

En tiempos de cambio, la respuesta a las tensiones urbanas es más urbanidad. Más intensa, aprovechando la tecnología para profundizar la participación y la inclusión, la diversidad de enfoques y el diálogo permanente para hacer real el derecho a la ciudad, para ir hacia el desarrollo. Para hacer juntos hoy la historia de mañana: para hacer ciudad con todos y para todos. 

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