Santos Domínguez y Benguria, un evocador de diferentes arquitecturas
Patrimonio

“De modo que la Casa Municipal de Paraná, terminada y amueblada, cuesta $ 200.000 moneda Nacional, siendo como es, sino la primera una de las más lindas de la República, porque hay que reconocer que, tratándose de estos edificios públicos apropiados, no ha preocupado mucho a las municipalidades, aun las principales ciudades del país”. 

(Memoria del presidente municipal Enrique Berduc, 1890)

Por Marcelo Olmos
Arquitecto Especialista en Patrimonio Arquitectónico


El proyecto es obra de Santos Domínguez y Benguria, entonces concejal de la ciudad y cuyo trabajo fue confrontado con un proyecto elaborado en la Oficina de Obras Públicas, eligiéndose por unanimidad el que orna nuestra plaza principal. El Palacio Municipal es un claro ejemplo de la llamada arquitectura eclética, el empleo de elementos de distintos períodos pero respetando la modulación académica. 

El edificio se plantea en esquina y el énfasis está en ese eje, marcado por la torre, un emblema de los cabildos, ayuntamientos europeos y americanos. La torre burguesa que desafía a las feudales de castillos y las eclesiásticas de catedrales y abadías. El empleo de mansardas, de ornamentos que enmarcan las ventanas, de sillares simulados nos llevan a el lenguaje en boga bajo el reinado de Luis XIII, pero el sabor mediterráneo de galerías, columnas y la ornamentación de la torre terminan haciendo del edificio una hermosa obra donde  la combinación de lenguajes diferentes armonizan para celebrar la Casa Municipal, un edificio lujoso que hablaba de una ciudad con aspiraciones de representación y sensaciones de placentera vaguedad.

Pero, ¿quién era Santos Domínguez y Benguria? Nacido en Bermeo, Vizcaya en 1841 y radicado en Paraná después de una estadía en Buenos Aires, a donde arriba en 1860. Santos Domínguez demostró su particular talento como diseñador de arquitecturas ricas en elementos estéticos y simbólicos. Algunas de sus obras sobreviven en el centro de la ciudad, como el citado Palacio Municipal, la Sociedad Española y los Altos de Izaguirre, sobre calle Urquiza y frente a la plaza. Estos dos últimos edificios tienen la particularidad de desplegar elementos muy “hispánicos”, pintorescos, que evocan arquitecturas de la península. La gran fachada de la Sociedad Española, ostenta el escudo español rematado por una corona mural. La fachada trabaja elementos del gótico tardío de Castilla la Vieja con mozárabes inspirados en la arquitectura nazarí de Andalucía, todo un alarde historicista que resume el territorio español. Pero con ello consigue un plano de fachada iluminado por el despliegue de entrantes y salientes, una lectura vivaz y lúdica, plenamente identificada con su función y destino. Mismos elementos emplea en el edificio de altos de calle Urquiza, construido en 1891 para Garrigó y más tarde propiedad de la familia Izaguirre.



También en su residencia particular vuelve a desplegar elementos ya usuales en sus diseños, como el enmarque de las ventanas, los falsos sillares y en un proyecto de modificación, elementos nazaríes en un pórtico a construirse. Es por entonces una de las viviendas que optan por un planteo de espacios agrupados y superpuestos, en contraste con el tradicional de planta secuencial tipo romana. La casa fue demolida en los años 1970, ya deteriorada. Otras obras de este incansable hacedor fueron la Iglesia de San Francisco de Borja, el diseño del puente Blanco sobre el arroyo Antoñico, el Prado Español y otras obras viales y de sanidad.

Santos Domínguez era sin duda un exponente de su época, en sus diseños aparece ese juego por abarcar distintos tiempos y geografías. En el llamado Puente de los Suspiros en el Parque Urquiza, cuatro pináculos góticos ornamentaban un puente peatonal de aires ingleses cuyo único fin era estético, provocar sensaciones gratas, como lo fue la fuente grutesca de rocas emplazada en donde funcionó “La Rambla”, detrás del Monumento a Urquiza, similar al que las viejas fotos muestran en el jardín de su casa. También incorporaba, sin temor, elementos modernos a sus elaboradas obras. Ejemplo de esto es el remate en hierro fundido de la torre municipal, un curioso baldaquino de aires modernos. 

Sin duda el hacer implicaba no solo funcionalidad, también estética, que el espacio abierto fuera un escenario grato para los caminantes y usuarios. Y Santos Domínguez sabía hacerlo, su escudo municipal abandona las leyes de la heráldica aristocrática y entra a visualizar las virtudes de la ciudad a la que él sin duda amó. Río, barcas, caleras, trigo y la inclusión de los elementos del escudo de  Entre Ríos, la tierra que hizo su hogar y en donde fallece en 1905.

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