Patrimonio construido de la ciudad de Santa Fe
Herencia colonial

La ciudad de Santa Fe posee un rico y variado patrimonio construido que se ha sedimentado a lo largo del tiempo definiendo su especial condición e identidad urbana. 

Fundada en el siglo XVI, trasladada en el siglo XVII, ingresa al siglo XIX con una estructura urbana escasamente consolidada, en donde unos pocos enclaves arquitectónicos emergen en un tejido caracterizado por la baja densidad y las construcciones precarias. 

La operación transformadora de fines del siglo XIX inicia el proceso de desarrollo urbano que definitivamente declina los modelos coloniales, y al despuntar el siglo XX en plena expansión demográfica, económica y productiva, adopta los programas representativos del historicismo arquitectónico como un primer paso hacia una figuración modernizante que acompañará el crecimiento del trazado. 

En este contexto se reconocen tres momentos de producción: El primero, hacia fines del siglo XIX, con la llegada de los inmigrantes y nuevas tecnologías, que en términos espaciales significó la ampliación de la planta urbana y el desarrollo de grandes infraestructuras de movilidad y saneamiento. 



El segundo, en el cambio de siglo, en torno a los festejos del Centenario, que produjo notables edificios públicos junto a la consolidación del tejido residencial con fachadas continuas sobre la línea de edificación, alturas homogéneas, materiales recurrentes como la mampostería revestida en símil piedra, balcones de hierro, altas aberturas y reiteración al repertorio lingüístico del eclecticismo historicista. 

El tercero, vinculado a las décadas que corren entre 1930-1950, donde se completa la renovación del paisaje con la producción de nuevos edificios y espacios públicos, reducción de las dimensiones de lotes urbanos, construcción de los primeros edificios en altura y difusión de la vanguardista estética racionalista que se mixturó con la ciudad heredada.

La armónica convivencia de los diferentes tiempos de la ciudad se verá interrumpida hacia finales del siglo XX y particularmente principios del siglo XXI cuando se aceleran los procesos de sustitución en el área central y algunos barrios con la irrupción de edificios en altura, dando lugar a una importante renovación que alteró la relación lote-agregado y dejó pocos ámbitos caracterizados por lo histórico. 



Cabe decir entonces que el carácter patrimonial de la ciudad está dado por la presencia de singulares y variados componentes sumergidos en un tejido en continua mutación y cambio. 

Es así que los edificios monumentales que se mantienen al día de hoy, los tramos de edificaciones similares con una conformación morfológica homogénea, algunos edificios aislados en las áreas centrales, pericentrales o en los barrios, más los ámbitos urbanos tales como plazas, parques o calles de particular carácter, adquieren una especial relevancia como expresiones de la memoria colectiva que debe salvaguardarse.

Dra. Arq. María Laura Tarchini
Profesora e Investigadora FADU UNL
¿Por qué es necesario un plan en las obras?
Higiene y seguridad