“La pandemia sirvió para que diseñemos con un sentido más profundo”
Entrevista a Gabi López

Gabi López es diseñadora de interiores y especialista en sociología del diseño. Con trabajos realizados para las principales celebridades de la Argentina, viaja por el mundo para estudiar las tendencias que se vienen. Este año, GrossTeiner la convocó a Santa Fe para la presentación de su línea “Golden Year” y en Proyectar Revista pudimos compartir una hermosa charla.


- ¿Cómo pensar en interiorismo durante la salida de una pandemia global?
Primero tenemos que identificar que veníamos con una vida muy diferente a la que tenemos hoy. Los diseñadores tenemos una responsabilidad especial, porque estamos permanentemente armando viviendas, objetos, proponiendo ideas en un mundo que está muy lleno de cosas. Como decisores, esta experiencia que vivimos o atravesamos, nos sirvió para diseñar con un sentido más profundo.  Una de las maneras de lograrlo es involucrarnos con los materiales y con las propuestas de vivienda. Estamos recalculando el diseño para entender diferentes cuestiones que rondan a la sustentabilidad. Debemos pensar dónde vamos a implantar una vivienda, cómo va a ser la ventilación, cómo va a ser el aislamiento, qué tipo de energía vamos a utilizar. Involucrarse es repensar cuánto contaminamos y qué desperdicio de obra tenemos. Este es un momento bisagra para la industria de la construcción, que debe mejorar los índices de contaminación. Es fascinante involucrarse y advertir que debemos mirar con atención la transición del diseño al ecodiseño. 

- A partir de esta coyuntura, ¿cambió el sentido de cómo las personas piensan sus viviendas?
Yo creo que con lo que pasó la gente se replanteó todo: desde dónde se vive, con quién vivir y cómo hacerlo. O sea, se dieron preguntas comprometidas con todo lo que atravesamos como sociedad. Recién ahora nos estamos dando cuenta lo difícil que fue. Creo que estamos todos mucho más enfocados en nuestros deseos. Veo más libertades para cuestionar algunos preconceptos y eso se traduce en el diseño. No es casualidad, ya que la casa fue el epicentro de nuestras vidas durante el aislamiento. Tener que estar 24 horas encerrados nos transformó a todos en “mini arquitectos”. Los profesionales vemos clientes mucho más informados que antes sobre diversas cuestiones y, por lo tanto, exigen más porque saben cómo quieren vivir. En la demanda aparecen viviendas y espacios más adaptables que se puedan transformar. Las personas están más enfocadas en mantener una calidad de vida y de poder concretar en sus viviendas las tareas que disfruta hacer, ya sea cuidar plantas, estar con sus mascotas o compartir más tiempo con sus hijos. Esto afecta también la manera en la que se proyecta y se construye.

- Planteabas antes el rol de arquitectos y diseñadores como “decisores”, ¿en qué medida decide el profesional y en qué medida el cliente final?
Es una combinación de ambas cosas. El diseñador no tiene que perder la capacidad de hacer escuela y enseñar. Hay que educar y guiar a las personas mostrándoles diferentes alternativas. Hay que tomarse el tiempo y explicar los por qué de cada propuesta y por qué creemos que es lo más conveniente. Luego, es el cliente el que toma la decisión final porque es su lugar y es importante que se sienta cómodo con esa decisión final. El proceso de diseño siempre es una dinámica de a dos, con un ida y vuelta entre lo que el profesional le puede entregar al cliente y brindarle los motivos del por qué considera que una decisión es mejor que otra. En lo personal, yo confío mucho en el cliente; creo que, si uno les da el tiempo y las herramientas, en general toman buenas decisiones.

- ¿En qué estás trabajando actualmente? 
Hace bastantes años que me doy la oportunidad de elegir más los trabajos. El último encargue desafiante fue hacer un hotel en Palermo. En general me seducen proyectos donde aún no he incursionado, y en lo personal, nunca había hecho un hotel. Ahora estoy enamorada del container de Grossteiner. Me parece una propuesta espectacular, sobre todo porque te da algo que tiene mucho que ver con este momento que nos toca vivir y que hablábamos antes. Es un concepto que te da la libertad de llevarte un prototipo de vivienda al mar, pero si te arrepentís sabes que te la puedes subir arriba de un semirremolque y llevarla a otro lado. Esa flexibilidad y adaptabilidad se suma también al hecho de que sea una carcasa que se reutiliza, que se recicla con otras formas y otros usos. Me parece super desafiante poder diseñar un container. 

- ¿Qué limitaciones o potencialidades tiene la arquitectura en contenedores?
Creo que la limitante es adecuarse a la relación con el terreno, que puedas tener acceso o no, eso depende mucho de lugar a donde quieras ir y de las instalaciones que tengas en esa implantación. A partir de ahí definir las cuestiones sanitarias y la energía que se va a utilizar. Más allá de esos condicionamientos, me seduce la idea de esa virginidad que otorga la caja marítima. Nos brinda la posibilidad de decidir si apelo a la energía eólica o energía solar, es un sistema que irrumpe con lo establecido y, en ese sentido, es muy coincidente con este momento que es como un reinicio o un renacimiento, como si estuviéramos empezando la vida de vuelta. Es súper interesante para repensar algunas cuestiones. Hoy, en arquitectura y construcción se pueden repensar ciertos aspectos que, de no haber sucedido este freno de la pandemia, hubieran sido imposibles, porque veníamos como en velocidad crucero. 
Construir en contenedores es una tecnología desafiante y nos demuestra que está todo por hacer, por eso lo veo como una oportunidad.

- ¿Qué tiene de característico el diseño argentino? 
En nuestro país tenemos una identidad artesanal única. Creo que tenemos artesanos y oficios increíbles a lo largo y a lo ancho de la Argentina. Hay materiales exclusivos y una calidad en recurso humano con una mano de obra muy singular que aporta sin duda a nuestra identidad. Esto nos hace únicos en el mundo. Yo hace diez años que soy analista de tendencias; contamos en el estudio con un Observatorio específico en el tema y en la visita a las ferias de diseños más importantes del mundo, estamos en contacto con las colecciones de objetos y de diseño industrial de vanguardia. En este sentido, en nuestro país estamos un poco más lejos de eso por nuestra realidad económica, la inflación y lo que todos conocemos. Por eso cuesta un poco más el tema de tecnologías y materiales. Pero a su vez tenemos un territorio y una cultura singular. Me ha tocado estar en escenarios internacionales donde de repente veo grandes colecciones que toman patrones estéticos de nuestros pueblos originarios, con materialidades del norte argentino o de nuestra Patagonia. Contamos con una riqueza cultural enorme y recursos naturales con vientos, desiertos o energía solar. Creo que tenemos mucho por hacer y los argentinos tenemos una ilustración muy admirada por todo el mundo.



- ¿Por dónde se mueven más las tendencias, en objetos, materiales y mobiliarios?
En el mundo se ve un activismo muy fuerte con relación a abandonar todas las industrias que provienen del petróleo. No digo que esto esté poniendo al sector en jaque, pero sí creo que las próximas generaciones no van a consumir ningún tipo de producto que sea contaminante. Se ve muy fuerte, y como algo emergente, el desarrollo de los biomateriales. Hay avances de materiales biológicos y también sintéticos. Hay un furor con los hongos, por ejemplo, pero también hay desarrollo de biomateriales con siliconas y con materiales impensados, como las algas que están en los caparazones de los moluscos. Nosotros confeccionamos un informe de tendencias con un directorio de biomateriales para ver tanto lo que se está desarrollando como investigando. Argentina, por ejemplo, desarrolló biomateriales en base a yerba mate. Hoy se experimenta para lograr materiales que se puedan escalar a la industria. Esta tendencia va a llegar a la construcción con nuevas materialidades. 

En cuanto a las tendencias en color es algo que se mueve, como lo hacemos los seres humanos. El color está en permanente movimiento. Los colores de la naturaleza son cada vez más importantes y puntualmente los colores de la tierra, que brindan una sensación de refugio o de abrigo. También vemos colores muy saturados y muy alegres, propios de una generación que quiere ver si puede celebrar. Es algo que se traduce desde esa impresión que tenemos todos de estar tratando de volver a los encuentros presenciales y de retomar relaciones sociales prepandemia. 

Otra gran tendencia es todo lo que atañe con la revolución alimentaria, que tiene que ver con empezar a consumir menos carne y más vegetales, pero no solo basado en un tema de salud sino en lo que implica la producción en gran escala de la industria. Estamos viendo una revolución en cuestión de los súper alimentos como la espirulina, la cúrcuma y otras especies. En todo este tiempo la gente estuvo cocinando un montón así que está como más cercana a todo lo hecho en casa, a lo natural, a las huertas orgánicas. 

Todo esto impacta en las paletas de colores. También como tendencias en el diseño aparecen las paletas nostálgicas, con marcas del pasado, de tiempos donde todo era menos incierto. Se toma el espíritu de cosas que han tenido que atravesar por ahí nuestros abuelos y antepasados. Lo retro es siempre algo vigente, porque siempre vuelve.

El arte y su aporte a la belleza de los espacios
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